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Un Mar de Lágrimas

 

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

 

 

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

 

CUENTOS

Un Mar de Lágrimas

 

A veces nosotros vamos por el mundo y vemos que hay niños que lloran, y el padre o la madre u otra persona les dicen: paren de llorar …

 

¿Saben ustedes?: eso es un gran pecado.

 

¿Acaso ustedes conocen la fuerza de las lágrimas?

 

Recuerden lo que decimos en Iom Kipúr: “(Sea tu Voluntad) el que escucha las voces de los llantos, que coloques nuestras lágrimas en tu cántaro y que nos salves de todos los decretos crueles, pues en Ti nuestros ojos están puestos”.

 

El Rabino de Zanz dijo una vez: ninguna cosa hace temblar mi corazón, yo no tengo miedo de nada, solamente hay una cosa a la cual yo temo: las lágrimas.

 

Todos saben que nuestro sagrado Rabino, Rabi Itzjak de Vorka, era la columna del amor del pueblo de Israel, la columna del amor hacia las criaturas.

¡Quién pudiera alcanzar un grado de amor como ése! ¡Quién pudiese alcanzar un grado de profundidad como ése!

 

Y es sabido, que a pesar que el Rabi de Kotzk tenía un sistema espiritual diferente – pues para él lo principal era la verdad – , él y el Rabino de Vorka eran los mejores amigos del mundo.

 

Después que nuestro sagrado Rabino de Vorka dejó este mundo, vino su hijo Rabi Mendele – conocido como “el Rabino callado” – ¿quién puede comprender la santidad de Rabi Mendele? y le dijo al Rabi de Kotzk: mi sagrado Rabi, yo estoy preocupado por mi papá. Estaba seguro que después de su muerte vendría a visitarme, a hablar conmigo, al menos en sueños. Y hace más de un mes que no escucho nada acerca de él.

 

El Rabi de Kotzk le dijo entonces: debes saber que yo tampoco comprendo a tu padre. Cuando estaba vivo hablaba conmigo todo el tiempo y de pronto ahora, que está en el otro mundo, ¿ya no viene más a verme?

 

Entonces yo pensé: si él no viene a visitarme a mí, yo iré a visitarlo a él.

 

Hice una “ascención de alma” y subí al cielo. Llegué al lugar en el cual se encontraban los sabios de las últimas generaciones, los grandes, los justos, Rabi Akiva Higuer, todos los grandes del mundo, el Sha”j, el Ta”z, el Ba”j, el “Beit Yosef”, Rash”i, el Ramba”m, los “Gueonim”, Rabi Ajai Gaón, Rabi Saadia Gaón, Abaie y Raba, y arriba, arriba, Rabi Akiva hasta Abraham nuestro patriarca. Y todos me dijeron lo mismo: ¡Ah, tu amigo Rabi Yitzikel …! él estuvo por aquí, pero siguió su camino.

 

Yo les pregunté entonces a los ángeles del cielo: ¿Vieron a mi amigo sagrado y maravilloso, Rabi Itzjak de Vorka?

 

Ellos así me contestaron: Debes saber, debes saber, que en el cielo hay un bosque, oscuridad, oscuridad, oscuridad, oscuridad sin límites, y si tú tienes la valentía de atravesar el bosque hasta el final, allí vas a encontrar a tu amigo Rabi Itzjak de Vorka.

 

Con gran esfuerzo, con todas mis fuerzas, con toda la fe y la confianza que tengo, atravesé el bosque. Oscuridad doble y cuadruple.

 

De pronto – veo un mar … olas y olas que suben hasta el cielo.

 

Yo escuchaba cómo las olas pasaban. Esas no eran olas comunes. Nunca en mi vida escuché olas como aquellas. Las olas subían hasta el cielo y luego descendían.

 

De pronto, de pronto, yo veo a mi amigo, Rabi Yitzikel, apoyado sobre su bastón y observando el mar. Todo el tiempo.

 

Él me dijo entonces: Méndele, ¿tú conoces este mar?

 

No – le contesté.

 

Yitzikel, ¿qué lugar es éste?

 

Él me dijo: es el mar de las lágrimas, las lágrimas del pueblo de Israel. El mar de las lágrimas de todo el pueblo de Israel … desde la destrucción del Templo. Yo juré que no me movería de aquí hasta que Hashem no cumpla con lo que prometió: “Y borrará Hashem nuestro D-s la lágrima de todos los rostros” …

 

Y entonces, señores míos, ¿qué hace un auténtico Judío cuando escucha a sus hijos llorar?

 

Él llora junto con ellos hasta que ellos empiezan a reírse.

 

Si ven en la calle a alguién llorando, no le digan: pare de llorar …

 

¿Saben ustedes cómo el Kadosh Baruj Hu borra las lágrimas del pueblo de Israel?

 

Él llora junto con nosotros. “Con él yo estoy en su sufrimiento”.

 

Y luego, nuestras lágrimas y las lágrimas del Kadosh Baruj Hu, suben al cielo y traen la Redención al mundo entero.

 

Yo ví a uno de los Tzadikim, que cuando sus hijos lloraban, ponía sus manos sobre las lágrimas y luego las colocaba sobre su frente.

 

Él me dijo: Que sepas, que las lágrimas de los niños son como ir a la Mikve, ellas santifican al cuerpo, santifican a la mente y santifican al corazón.

 


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