Simjat Torá en el Ghetto de Varsovia | Jewish Outlook

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Simjat Torá en el Ghetto de Varsovia

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Simjat Torá en el Ghetto de Varsovia

 

Tuve el privilegio de escuchar esta historia, de un Judío que tuvo la suerte de permanecer con vida después del Holocausto.

 

Aquello sucedió durante el último Simjat Torá en el Ghetto de Varsovia.

 

Todos estaban allí medio muertos. Todos estaban destrozados. ¿Quién tiene fuerzas para bailar en Simjat Torá? Y también estaba prohibido bailar.

 

Ellos – borrados sean sus nombres – declararon: quién baile en Simjat Torá lo castigarán.

 

Pero además … ¿quién quería bailar …?

 

Sin embargo, nuestro sagrado Rabino de Piacetzna les dijo a todos, que había encontrado un sótano debajo de una casa totalmente destruida, donde había lugar para cinco mil personas; y que él los invitaba a todos al baile de Simjat Torá.

 

Saben ustedes, señores míos, que había muchos Tzadikim que tenían a sus Jasidim que bailaban, pero en Koznitz (y también en Zanz), sólo el Rebe bailaba. Sólo el Rebe bailaba …

 

Pero, Guevald, cuando veían al Rabi bailar, él elevaba sus almas a un lugar al que no podrían haber llegado a través de sus propios bailes …

 

Y aquel Judío me contó: Yo llegué al sótano en la noche de Simjat Torá.

 

¿Ustedes piensan que allí había cinco mil personas? Allí había veinte mil personas … todos estaban apretados, algo que hasta ahora nunca había sucedido.

 

Cada uno le contaba al otro quién se había muerto y quién no se había muerto, quién estaba medio muerto y quién estaba un cuarto muerto, a quién llevaron a Auschwitz, quién se enfermó, y todo tipo de cosas malas por el estilo …

 

Yo pensé para mis adentros: ¿Para qué vine? ¿Para escuchar todo esto? Yo ya tengo suficiente con lo que sucede en mi casa … Y además, les voy a decir la verdad, yo tampoco creo en D-s y ya dejé de creer en la Torá … Entonces … ¿para qué vine a bailar con la Torá? Yo ya casi que quería irme, pero no podía …

 

Mientras tanto, sorpresivamente se escuchó el rumor que el Rabi no iba a venir. En el segundo día de Sucot, pobrecito, le mataron a su hijo primogénito, Rabi Elimelej … y el Rabi ya no puede bailar.

 

- Sí, sí, él sí viene.

 

Uno decía que no venía, y otro decía que sí venía …

 

Después de algunos minutos, otra vez alguien dijo que de seguro el Rabi no vendría, pues en Hoshaná Rabá le mataron también a su esposa, y también a su nuera, la esposa de su hijo Rabi Elimelej. Era seguro que él no vendría.

 

- No, no, él sí va a venir. No, él no va a venir. Él sí va a venir …

 

Mientras tanto, nosotros nos encontrábamos sufriendo en el Infierno terrenal. Llenos de desesperación, de verdadera desesparación, como nunca antes hubo en el mundo …

 

De pronto se abrió la puerta. Nuestro santo Rabino, Rabi Kalonymus Kalman, sagrado sea su nombre y que sea recordado para bendición, entró en el sótano y comenzó – con la melodía del Baal Shem Tov- a cantar:

 

“Barjú et Hashem Hamevoraj” (Bendecid a Hashem el Bendecido).

 

Yo te juro. que en ese instante él encendió todas nuestras almas. Todos como una sola persona estuvimos dispuestos a entregar nuestras almas por el Kadosh Baruj Hu y por el pueblo de Israel.

 

Yo creí en ese momento, en cada palabra que estaba escrita en la Torá.

 

Y todos juntos respondimos:

 

“Baruj Hashem Hamevoraj Leolam Vaed” (Bendito es Hashem, el Bendecido, por toda la Eternidad).

 

¿Ustedes escuchan? Una vez hubo un Judío … Rabi Kalonymus Kalman, que tomó a miles de almas de las profundidades del Infierno, y las elevó en un solo instante hacia el lugar más elevado del cielo …


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Joke of the day

Little Josh was brought to Dr. Gill cause he hadn’t eaten anything for days. Dr. Gill offered him all the goodies he could think of. No luck. He tried a little scolding. It didn’t work. A little pleading, to no avail. Finally he sat down, faced the boy, looked him in the eye. He said, “Look young man, if you can be stubborn, so can I. You’re not going anywhere till you eat something. You can have whatever you want, but only after you have eaten will you leave.” Josh just sat and glared for some time, then said “OK. I’ll eat but I have some conditions. First, I’ll have exactly what I want and exactly how I want it and second you’ll share with me.” Dr. Gill was OK with this. He asked the child what he’d like. “Worms!” said Josh. Dr. Gill was horrified but didn’t want to back out and seem like a loser. So, he ordered a plate of worms to be brought in. “Not that many, just one,” yelled Josh as he saw the plate. So, everything other than one worm was removed. Josh then demanded that the single worm be cut into two pieces and then Dr. Gill eat half. Dr. Gill went through the worst ordeal of his life, and after finishing, barely managing to keep his cool, said, “OK, now eat!” Josh refused as he sobbed, “No way! You ate my half!”