Rav Kalonymus Kalman
Caratula:
Rav Shlomo Carlebaj
IÁJAD – KULAM KEDUSHÁ
JUNTOS – TODOS SANTIDAD
CUENTOS
Rav Kalonymus Kalman
Uno de los grandes Tzadikim, de los más grandes Rabinos que hubo en el Ghetto de Varsovia, fue nuestro sagrado Rabino, sagrado con toda clase de santidades; e inclusive si diríamos sobre él que es como el Santo Sanctorum (el lugar más sagrado del Templo de Jerusalem) tampoco ello sería suficiente …
¡Qué podemos decir de un Judío que fue a la hoguera! ¿Qué es lo más sagrado de lo sagrado? Eso tampoco es suficiente, debido a que al Sancto Sanctorum el Sumo Sacerdote entraba y salía (mientras que a la hoguera solo se entra).
Señores míos, ustedes saben y yo sé, que los que trajeron el Sancto Sanctorum a este mundo fueron Nadav y Avihu. Ellos entraron y no salieron … porque decidieron quedarse allí …
Todos los seis millones, no solo que nosotros no comprendemos y solamente Eliahu Hatishvi podría responder … sino que ni siquiera tenemos palabras para hablar de ello.
Entonces ustedes comprenden, los seis millones no son como Aharón el Sacerdote, sino que son como Nadav y Avihu. Por eso no tenemos palabras para describir quiénes eran ellos, sino que apenas tenemos la posibilidad de saber que ellos estuvieron en este mundo, y su luz todavía continúa iluminando hasta que venga el Mashiaj.
Uno de ellos, es nuestro sagrado Rabino Kalonymus Kalman de Piacetzna.
Piacetzna era una pequeña aldea al lado de Varsovia.
Nuestro Rabino Kalonymus Kalman era hijo de Rabi Elimelej Grodzensky, nieto de nuestro sagrado Rabino de Koznitz.
Tenía dieciocho años cuando ascendió a la grandeza y los Jasidim lo coronaron (como su Rabino).
Él cambió toda la imagen del movimiento jasídico.
Hasta su aparición los Jasidim solían decir: los niños, los jovenes, que estudien mucha Guemará, mucha Torá, y después, cuando tengan veinticinco, treinta o treinta y cinco años, entonces que se busquen un Rebe.
Él dijo en cambio: ¿un niño de cinco años sin un Rabi? ¿Cómo puede ser un Judío (sino tiene un Rabi)?
En cierta ocasión, uno de los grandes Rabinos vino a visitar a Rabi Kalonymus Kalman, y también un niño de cinco años se encontraba allí.
Entonces Rabi Kalonymus Kalman le dijo al Rabi: Usted va a ser Judío también sin mí, pero este niño verdaderamente me necesita.
Él se reunía con sus niños día y noche. Él lo era todo para ellos: el padre, la madre, un buen amigo. Tenía miles y miles de alumnos. Seguro que ustedes saben que entre la primera y la segunda guerra mundial hubo en Polonia una gran pobreza. Algo de no creer, de no creer …
Él sencillamente tomó a todos los niños y los ayudó para que puedan ser alguien en la vida.
Rabi Kalonymus Kalman escribió un libro llamado “Jovat HaTalmidim” (La Obligación de los Alumnos). Todo aquel que alguna vez quiera sentir el sabor del Paraiso del Jasidismo, de los Tzadikim y de cómo ellos nos hablaban, definitivamente debe de leer este libro.
En el Ghetto de Varsovia él escribió otros dos libros más: un libro titulado “Esh Kódesh” (Fuego Sagrado) – que son las enseñanzas que impartió durante su permanencia en el Ghetto de Varsovia, en las mesas que él extendía cada Shabat sagrado, a pesar de todas las aflicciones.
Allí están sus enseñanzas, que son obviamente las enseñanzas de Nadav y Avihu … y que no no son para nada simples.
Allí hay una enseñanza en la cual él dice: los angeles celestiales todo lo saben … Pero el dolor del pueblo de Israel, sólo el Kadosh Baruj Hu lo puede comprender … Porque el dolor del pueblo de Israel es tan profundo, que ni siquiera un ángel lo puede comprender.
En el otro libro, “Hajsharat Haabrejim” (La preparación de los estudiantes), él les habla a los jovenes, les habla a ustedes, a mí y a todo el pueblo de Israel.
Así él dice: nosotros somos hijos de profetas, ¿quién nos autorizó a no ser profetas? ¿Quién nos autorizó a no ser puros y sagrados?
Este libro y el libro “Esh Kodesh”, los escondió debajo de una casa medio destruida.
Al finalizar la guerra, después de que él ya nos había abandonado y subido al cielo junto a los seis millones, un niño polaco se acercó a un soldado americano y le dijo: mira, encontré aquí algo, ¿quieres comprarmelo por un dólar? Y así se lo vendió.
Él soldado americano lo observó y vió que era hebreo … A pesar que él no era Judío, comprendió que eso era hebreo …
Le dieron entonces el texto al Rabino que estaba allí, el Rabino Hollender, el cual tuvo el gran privilegio de recibirlo.
Y así escribió nuestro Rabino de Piacetzna en una carta junto con el libro:
Mi honrado señor, si tú encuentras este libro, estas hojas, deberás saber que yo ya no estoy en este mundo. Yo no se si va a haber otro Judío en Polonia. Yo no sé si va a haber otro Judío en Europa.
La verdad es, que yo no sé si va a haber otro Judío en el mundo …
Sin embargo, en Ierushalaim, en Ierushalaim la ciudad sagrada, en Ierushalaim Tu ciudad que “con compasión retornarás”, en Ierushalaim sí deberá haber un Judío …
Yo te ruego que busques a ese Judío, y le pidas que publique mis enseñanzas.
Yo prometo, a quien estudie mis enseñanzas y mis libros, que intentaré interceder por él ante el Trono Celestial, y no cesaré de pedirle al Kadosh Baruj Hu que bendiga a quién estudie mis enseñanzas.
Y yo, de entre todo el pueblo de Israel, encontré este libro en lo de un vendedor de libros en Mea Shearim. Encontré los libros “Jovat Hatalmidim”, “Esh Kódesh” y “Hajsharat Habrejim”.
Y obviamente, como todos ustedes, me transformé en un gran Jasid suyo. ¡Quién soy yo para ser un fiel de un Rabi así!; pero yo quiero correr tras él …
Y asiduamente yo me preguntaba: ¿Dónde están los niños que él educó? ¿Habrá quedado alguno?
En cada lugar al que llegaba yo preguntaba, mas la gente me decía: Ellos eran niños pequeños. No quedó nada. No quedo nadie …
Así anduve por todo el mundo. Quizás, quizás encuentre a uno de ellos …
El Jorobado Santo
Hace algunos años, iba caminando cerca del Hotel Shalom junto al Yarkón en Tel Aviv, y de pronto veo a una persona. Su rostro era muy bonito, muy delicado. Se veía en él que era una persona noble. Su cuerpo estaba todo destrozado. Él era jorobado de los cuatro puntos cardinales. Todos sus huesos estaban quebrados. Casi daba miedo mirarlo. Pero al contemplar su rostro, se podía ver la Presencia Divina en él …
Cuando lo ví, no pude contenerme y le dije: Shalom señor mío.
Él me contestó como un Judío polaco de vientre y de nacimiento: “Aleijem Shulem, Aleijem Shulem”.
¿De dónde es usted? le pregunte.
Y él me contestó: de Piacetzna.
Piacetzna … no sabía que hacer conmigo mismo …
Le pregunté entonces: mi alabado señor: ¿Acaso alguna vez viste a nuestro sagrado Rabino, Rabi Kalonymus Kalman?
Él me dijo: ¿Si lo ví? Yo estudié con él cinco años. Comencé a estudiar con él cuando tenía seis años, y estudie con él hasta que tuve once años. Cuando tenía once años me llevaron a Auschwitz, pero era tan grande y fuerte que pensaron que tenía diecisiete años. Y aunque no me creas ahora yo estoy totalmente quebrado, de todos los golpes que me dieron, de tantos golpes …
Cada uno de mis huesos está quebrado … Y así es como me veo … ¡Qué puedo decirte …! De toda mi familia no sobrevivió ni uno … Sólo quedé yo en este mundo …
Y él continuó limpiando la calle. Él limpiaba las calles. Limpiaba las calles con santidad. ¡Quién sabe cuánta santidad él trae al mundo cada día, cuando limpia las calles …!
Yo quedé petrificado y entonces le dije: Señor mío, permítame que le pregunte, ¿usted recuerda alguna enseñanza de nuestro sagrado Rabino, Rabi Kalonymus Kalman?
Al principio, él dijo: ¿Qué? ¿Tú piensas que después de Auschwitz uno puede acordarse de las enseñanzas?
Yo le dije: Sí, seguro que puede. Las palabras de nuestro sagrado Rabino descendían hasta las profundidades del alma …
Él me miró mucho tiempo y entonces me dijo: dime, ¿tú de verdad quieres escuchar una enseñanza de nuestro Rabino?
Yo sólo recuerdo que comencé a llorar y le dije: Te juro que verdaderamente quiero escuchar una enseñanza suya. Ansío esto con toda mi alma …
Pero él era un Jasid de verdad. Él no transmitía enseñanzas cuando estaba limpiando las calles. Fue a lavarse sus manos, enjuagarse la cara … y recién después comenzó a contar …
Tú debes saber, que así sucedía con nuestro sagrado Rabino casi en cada Shabat sagrado… ¿Cómo te puedo describir el “Boi Beshalom” (Ven en paz – del Leja Dodi) con nuestro sagrado Rabino? Él se paraba en el medio del salón, y todos los niños bailaban alrededor suyo. “El rostro del Shabat recibiremos”, ¡qué rostro tenía nuestro santo Rabino en el sagrado día de Shabat! No como el de los ángeles celestiales, sino mucho más hermoso. Nuestro Rabino entraba para extender la mesa de Shabat y enseguida comenzaba con el “Shalom Aleijem Malajei Hasharet Malajei Elión” …
Y entonces muchos centenares de niños, que parecían verdaderamente ángeles y servidores celestiales, cantaban junto a él … y eso no va a ser otra vez así, sino hasta venga el Mashíaj …
Pero tú debes saber, que entre los pescados y la sopa, y entre la sopa y el pollo, nuestro sagrado Rabino transmitía una enseñanza de la Parashá (sección de lectura semanal de la Torá).
Cada vez que terminaba de expresar una enseñanza, así nos decía: una y una, una y dos, una y tres, una y cuatro, una y cinco, una y seis, una y siete …
El trabajo era tirar …”y tiraré sobre ustedes aguas puras”.
Nuestro sagrado Rabino tiró sobre nosotros aguas celestiales.
Él solía decir – y yo se los voy a contar a ustedes en el lenguaje en que me lo contó el barrendero.
El sagrado y dulce Rabi, así solía decirnos: niños, queridos niños, queridos y dulces niños. Recuerden entonces. Recuerden entonces. La cosa más grande que hay en el mundo, es hacerle un favor a otra persona …
Niños dulces, niños agradables, recuerden sólo una cosa … La cosa más grande del mundo, es hacerle un favor a otra persona …
Cada vez que terminaba de brindarnos una enseñanza, él nos decía: niños, recuerden entonces, la cosa más grande que hay en el mundo es hacerle un favor a otra persona.
Estuve en Auschwitz, escuché que de toda mi familia no quedó vivo nadie.
Créame, que quise suicidarme. Y cuando ya había hecho toda clase de preparativos para suicidarme, de pronto escuché la voz del Rebe que venía y nos decía: niños, queridos niños, dulces niños. Recuerden entonces. La cosa más grande que hay en el mundo es hacerle un favor a otra persona.
De pronto me llené de alegría.
¿Sabes tú cuantas cosas buenas uno puede hacer por la noche en Auschwitz? Ay, ay, ay …
En cada rincón hay un Judío acostado sobre el piso llorando, que no tiene con quién hablar.
¡Quién tiene fuerzas para escuchar otra vez el cuento sobre su esposa y sus hijos que ya están en el cielo …!
Y cada noche, cada noche, yo me sentaba con aquellos Judíos quebrantados de espíritu y los escuchaba. Y eso me daba fuerzas.
Después de unos cuantos meses yo nuevamente me quise suicidar, y otra vez volvía a escuchar la voz del Rebe …
Debes saber, que yo vivo aquí en Tel Aviv y estoy solo de verdad. No tengo a nadie en el mundo. ¿Sabes cuántas veces ya intenté suicidarme …?
Yo ya estaba dentro del agua casi ahogándome, y de pronto escuché la voz del sagrado Rebe que nos decía: niños, niños dulces y queridos. Recuerden entonces. La cosa más grande que hay en el mundo es hacerle un favor a otra persona …
La cosa más grande: hacerle un favor a otra persona …
¡Qué te puedo decir! ¿Sabes cuantos favores se pueden hacer en las calles de Tel Aviv?
Después de varios meses, regresé a Israel. En la mañana, era entonces la festividad de Janucá, en la primer mañana que estuve allí, corrí a la calle que estaba junto al Yarkón para buscar al barrendero, al jorobado santo.
Sin embargo no lo encontré. Entré entonces al “Hotel Shalom” y pregunté: ¿Dónde está el barrendero? ¿Dónde está el jorobado santo?
Ellos me dijeron:
¿Tú no lo sabes? ¿No te enteraste que en el segundo día de Sucot él ascendió al cielo? …
Todos ustedes lo están oyendo: Cuando llegue el Mashiaj, cuando llegue la resurrección de los muertos, el barrendero va a retornar nuevamente a éste mundo. Él va a limpiar todas las calles desde Ierushalaim hasta el fin del mundo.
Y saben ustedes cómo va a limpiar las calles: se va a parar en la cima de la colina y le va a enseñar al mundo entero, que la cosa más grande que hay en el mundo es hacerle un favor a otra persona.
¿Piensan ustedes que si alguién les pide un favor, ustedes le están haciendo un favor a dicha persona? No. Se lo están haciendo a ustedes mismos ….
La cosa más grande que hay en el mundo, es hacerle un favor a otra persona.
Niños dulces, niños más dulces que la miel, la cosa más grande que hay en el mundo es hacerles favores a los demás.
Cuando Abraham nuestro patriarca entró en el pacto con el Kadosh Baruj Hu, lo primero que hizo fue hacerle un favor a alguién. No pudo contenerse.
El Kadosh Baruj Hu sacó al sol de su envoltorio, y Abraham estaba sentado en la puerta de su tienda, buscando a alguien para hacerle un favor.
Moshé, nuestro maestro, ¿por qué tuvo el mérito que tuvo?
Está escrito “Y salió Moshé a sus hermanos”, él quería hacer cosas buenas por el bien de ellos.




