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Rabi Zusha está feliz con su porción

 

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Rabi Zusha está feliz con su porción

 

Escuché que nuestro Rabino de Shinova, cada vez que un estudiante o un muchacho joven llegaba a él, este joven le decía: “mi sagrado Rabino, quiero ser “Jasid” (fiel) suyo”.

 

Él le contestaba: antes que tú decidas ser un “Jasid” mío, debo de contarte la historia de nuestro sagrado Rabino, Rev Zusha.

 

El Rabi, Rev Zusha, era Rabino en la ciudad de Anípoli.

 

El Rabi Rev Zusha, era verdaderamente una persona extremadamente pobre. Su vida era sumamente difícil. No porque no tenía dinero, sino porque todo lo que tenía se lo daba a los demás …

 

Pero a pesar de todo, Rabi Zusha estaba contento todo el tiempo. Su fe y su confianza en Hashem – ¿quién la puede alcanzar?

 

La palabra “yo”, nunca salió de la boca de Rabi Zusha. Para él había un solo “yo”: “Yo soy Hashem vuestro D-s”.

 

Cuando él hablaba sobre sí mismo, simplemente decía: Zusha.

 

En aquel entonces, en Anípoli habían dos “grandes”.

 

Uno era Rev Zusha, que pertenecía al grupo de los Jasidim.

 

El otro, que también era Rabino – aunque la división entre ellos era clara – (si un “mitnagued” –opositor al Jasidismo- me escucha, que me perdone), era un Rabino lleno de ira y sin alegría, lleno de tristeza, sencillamente odiaba a toda persona que se le acercaba …

 

Rabi Zusha en cambio, estaba contento todo el tiempo.

 

Obviamente, de todas las personas que el otro Rabino odiaba, a quien más odiaba era a Rev Zusha, pues Rev Zusha siempre estaba lleno de alegría …

 

Y ustedes saben, señores míos, que la persona que se enoja, que está llena de tristeza, finalmente tampoco se puede soportar a sí misma …

 

Una noche, el Rabino de Anípoli pensó para sí – ya no tengo fuerzas ni para aguantarme a mí mismo, ¿qué puedo hacer?

 

Esperó hasta media noche, con la esperanza que nadie lo viese, y entonces entró en la casa de Rav Zusha.

 

Se dirigió a Rav Zusha y le dijo: Quiero solamente hacerte una pregunta.

 

Yo no te entiendo. Tu tienes tantas dificultades en tu vida … y siempre estas lleno de alegría. Yo gracias a Hashem tengo todo y siempre estoy lleno de colera, de tristeza y de aflicción … ¿Cómo puedo corregir eso?

 

Rabi Zusha le dijo: Zusha te va a explicar.

 

Comencemos por el casamiento de Moishele el rico.

 

Hace una semana, en Anípoli, había un Judío increíblemente rico; y él invitó al casamiento de su hija a toda la ciudad.

 

El mensajero de Moishele el rico, entró entonces a tu casa, y en voz alta te dijo: mi venerado Rabino – Moishele lo invita al casamiento de su hija.

 

Tú le dijiste entonces: Déjame ver en la lista a quién va a invitar …

 

Y tú de pronto ves, que eres el invitado número catorce de la lista.

 

Entonces te dijiste a tí mismo: ¡Qué falta de vergüenza! ¡Yo soy el número catorce de la lista! Yo soy el Rabino de la ciudad. Yo tendría que ser el primero … y soy solamente el catorce. ¡Ahora le voy a demostrar lo que puedo hacer! Voy a llegar tarde al casamiento …

 

Y decidiste llegar con dos horas de retraso …

 

Llegaste dos horas tarde – y otro Rabino ya los casó …

 

Todos estaban sentados en las mesas comiendo, y ni siquiera hubo un lugar para tí. Nadie prestó atención a tu llegada …

 

Tú estabas parado al lado de la puerta, y ya no sabías qué hacer con el enojo tan grande que tenías …

 

¡Otro Rabino consagró la boda cuando yo soy el Rabino de la ciudad! ¡Qué falta de respeto!

 

Nadie se puso a hablar contigo …

 

Tú te acercaste a la mesa y te sentaste detrás de otra persona.

 

Tú estabas enojado con el novio y con la novia, con tu esposa, con el Kadosh Baruj Hu, con el padre del novio y con el padre y la madre de la novia. Tú estabas enojado con todos.

 

De pronto vino Moishele el rico y te vio: El Rabino, sentado solo, no en la mesa sino detrás de la mesa.

 

Entonces él te dijo: Mi maestro y Rabino, lo esperamos pero usted no llegó, y entonces otro Rabino los casó. Yo lamento mucho que no llegó a tiempo, pero igualmente quiero que se siente en la mesa principal.

 

Pero la verdad, es que la mesa principal para los invitados ya estaba totalmente llena.

 

Entonces él te dió una silla, otra vez detrás de otra persona.

 

El mozo comenzó a traer la comida, y no te vió. Él le sirvió a todos menos a tí …

 

Moishele entró y notó que no te habían traído nada para comer.

 

Mientras tanto, tú ya habías maldecido al mozo que no te había traído la comida hasta el fin del mundo.

 

Y Moishele te dijo entonces: espere, espere un poco, Rabino, yo ya le voy a buscar su comida.

 

Pero la verdad, es que también la comida se había terminado …

 

Entonces Moishele, el rico, entró en la cocina y juntó un poco del “diezmo para los pobres”, del “diezmo primero”, del “diezmo segundo”, de lo que sobro de la siega de los cereales, del rincón dejado para que los pobres tomen de los frutos del campo, de todo lo que sobró de la cocina, media verdura por aquí y medio pedazo de pollo por allá. Lo colocó en un plato y te lo trajo …

 

Y tu visteque la mitad de aquello había sido comido por otra persona, y  entonces te enojaste con él más aún. ¡Qué irrespetuoso, jamás hubo en el mundo una persona tan irrespetuosa como él! ¡Qué clase de comida me trajo! …

 

Mientras tanto, el banquete ya casi había finalizado, y hay algo que a ti te había quedado claro: tú eres el Rabino de la ciudad, y por ende te van a dar el honor de decir el “Birkat Hamazón” (agradecimiento por la comida), y tú vas a recitar las “siete bendiciones”.

 

Tú te preparaste, te sentaste en tu lugar, y esperaste a que te den el honor.

 

Pero el rico no te vio, ya se había olvidado de tí, y entonces honró a otra persona para que diga el “Birkat Hamazón”, y a otras personas para que digan las “siete bendiciones”.

 

Regresaste a tu hogar a medianoche, enojado y triste. Maldijiste al novio y a la novia y a sus padres, hasta el mismisimo patriarca Abraham y su esposa Sará, maldijiste al mundo entero.

Odiaste a tu esposa, odiaste a tus hijos, odiaste a todo el pueblo de Israel …

 

Ahora escucha lo que sucedió con Zusha.

 

Cuando el mensajero de Moishele llegó a la casa de Zusha, él me dijo: Moishele el rico lo invita a usted – Rabi Zusha – al casamiento de su hija.

 

Entonces yo le dije: ¿Estás seguro que me invitó a mi? Yo jamás hice nada bueno por él. No merezco estar entre los invitados.

 

Y entonces me dijo: Sí, sí, sí. El rico lo ha invitado a usted.

 

Pensé para mis adentros: Guevald, ¡qué persona tan buena que es Moishele, que me invita a mí al casamiento de su hija! No me lo merezco. Si él me invita, entonces yo debo demostrarle que soy un buen amigo suyo.

 

Llegué algunas horas antes de la Jupá. Pensé para mis adentros, quizás lo pueda ayudar en algo …

 

Zusha realizó la ceremonia nupcial … Zusha se sentó a la mesa … Zusha comió un banquete completo … Zusha recitó el “Birkat Hamazón” … y honraron a Zusha para recitar las “siete bendiciones” …

Zusha regresó a su casa, amando a su esposa, a sus hijos, al novio y a la novia, y a todo el pueblo de Israel.

 

Como puedes ver, tú lo quieres todo y finalmente no tienes nada. Zusha no quiere nada, pero al final le dan todo.


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