Las Velas de Shabat
Caratula:
Rav Shlomo Carlebaj
IÁJAD – KULAM KEDUSHÁ
JUNTOS – TODOS SANTIDAD
CUENTOS
A veces una persona estudia con alegría, y ojalá que tengamos el mérito de llegar a eso. Ojalá que tengamos el mérito de saber lo que es un Judío a partir de la alegría.
Pero a veces, lamentablemente, si no queremos estudiar con alegría, entonces estudiamos con dolor, con sufrimiento.
Ojalá que tengamos el mérito de llegar a endulzar la severidad de este mundo, y que todo se transforme en un instante para bien.
Actué en cierto lugar, y en la primera fila ví a una pareja, a un hombre con su mujer. Se podía ver que ellos eran algo especial.
¡Con cuánta devoción cantaron junto a mí, con verdadera y profunda intención! Yo vi que ellos verdaderamente no comían a la Torá sino que ellos se la bebían. “Y jovenes del banquete con sus melodías”.
El Baal Shem Tov dijo, que cuando venga el Mashiaj, no vamos a comer la Torá, sino que vamos a beber la Torá.
Después de la presentación les pedí, que si tenían fuerzas, regresaran conmigo al hotel, pues pensé hablar con ellos durante el camino.
Les pregunté entonces: y bien, díganme ¿quienes son ustedes?
Ella dijo: Cuéntale. Y él repuso: No, es tu historia.
No tengo suficientes lágrimas para contarlo como ella me lo contó, pero de cualquier forma lo intentaré …
Yo provengo de una familia en la que por muchas generaciones no entramos en el Beit Hakneset. No porque no creamos en D-s, sino porque nosotros creemos que no hay D-s.
Hay laicos, que si uno los presiona un poco, o D-s no lo permita están con la soga al cuello, entonces igualmente comienzan a rezar. Pero a mí en cambio, me podrían haber matado mil veces y yo no hubiera rezado. No hay D-s. Eso es todo.
Conocí a mi marido todavía en el colegio, yo tenía diecisiete y él dieciocho – o él tenía veinte y yo tenía diecinueve …
Bendito sea Hashem, tuvimos el privilegio de erigir un hogar. Obviamente no teníamos ninguna clase de contacto con el Judaísmo. No nos interesaba. Mi esposo es millonario y tenemos varias tiendas.
Lamentablemente, cada vez que yo quedaba embarazada perdía al niño.
Cuando estaba embarazada por novena vez, todo iba bien gracias a Hashem. Me quedaban solo unos pocos días para, con la ayuda de Hashem, tener a mi hijo.
Me levanté por la mañana y no me sentí bien. Fui al médico y él me dijo simple y llanamente: yo te dije todo el tiempo que tú no puedes tener hijos.
En algunas horas más –Hashem no lo permita- tú vas a perder también a este niño.
Una cosa me quedaba claro: yo me iba a suicidar. Ya no tenía fuerzas, ya no tenía fuerzas … El dolor era tan grande que ya no podía soportarlo más.
Decidí regresar a mi casa y escribirle una carta a mi marido, explicándole porqué lo iba a abandonar.
Tomé un taxi para volver. Ustedes saben que cuando uno mira la calle por última vez, la ve de una manera diferente … miré la calle, miré las casas, miré a los vecinos …
De pronto, aunque nunca me había dado cuenta, ví un Beit Kneset justo frente a mi casa … Y súbitamente yo pensé: Guevald, quizás me equivoqué …
En este mundo no hay persona que pueda ayudarme, pero quizás hay un D-s que está en el cielo, y que Él sí puede hacerlo todo.
Entré al Beit Hakneset. Por primera vez estaba en un Beit Hakneset …
Ella me dijo: ¿Ves tú?, yo tuve algo que tú no vas a poder recibir ni siquiera en mil años. Yo tuve el mérito de pararme delante del Kadosh Baruj Hu a rezarle por primera vez … ¿Sabes tú lo que es rezar por primera vez?! Es profundo, profundo, profundo …
De alguna manera, sin saber lo que hacía, abrí el Arca Sagrada, me paré ante Él y le dije: Soberano del Mundo, ten compasión de mí. Yo estoy dispuesta a hacer todo por Tí. Sólo dame el privilegio de tener este hijo.
Quise hacer algo por Él, y entonces le dije: Soberano del Mundo, yo te juro que comienzo a encender las velas todos los viernes.
Cuando salí del Beit Hakneset estaba llena de alegría. Supe que el Kadosh Baruj Hu había escuchado mis rezos.
¿Cómo el Kadosh Baruj Hu está cerca de todos los que lo llaman? Es algo de no creer, de no creer. No se puede creer la alegría que tiene uno al saber que hay un D-s en el Cielo y en la Tierra.
Cuando regresé a mi casa, miré en la guía telefónica y busqué el número de una mujer que conozco un poco, y que sé que observa el Shabat.
Esto sucedió el jueves, la llamé entonces y le conté mi historia.
Le dije, ven a mi casa rápido y enséñame cómo encender las velas del día viernes.
Ella vino enseguida y me dijo: Escúchame, si tú enciendes las velas en honor al sagrado Shabat, no puedes darle de comer cerdo a tu esposo. Tu casa tiene que ser “Kasher” …
En dos horas todo era nuevo. La cocina, el horno, la heladera. Compré todo nuevo en dos horas.
La mujer me dijo: ¿Qué hay de tu esposo? Si él no guarda el Shabat tampoco va a funcionar …
Llamé a mi marido y le dije: Tenemos tres grandes tiendas. Escucha, mañana veinte minutos después de las cinco comienza Shabat. Si tú no guardas el Shabat, yo voy a tener que divorciarme de ti … Por el niño, yo debo guardar el Shabat.
Obviamente, él pensó que yo me había vuelto loca. Pero de alguna manera, él también comenzó a guardar el Shabat.
Al final ella me dijo: ya tengo tres hijos y medio …
Pero aquí todavía no termina la historia.
Después de algunos meses pasé por allí y los llamé. Ellos en seguida vinieron a buscarme para ir a su casa.
Eso fue el martes por la noche, y ella entonces me dijo: yo debo mostrarte algo.
Ellos son muy ricos, y pasamos de un cuarto a otro, y a otro cuarto, sin fin.
Entramos en uno de ellos, y yo observo que las velas de Shabat, del Shabat siguiente, ya están prontas para su encendido.
Ella me dijo: enseguida después de la “Havdalá”, yo ya preparo las velas para el Shabat siguiente.
¿Dónde estaría si no fuese por las velas de Shabat …?
Y aún no se acabó la historia: Cada cosa sagrada continúa y continúa sin límites. “De muchas voces de agua …”.
Yo estuve en un Beit Kneset donde no eran muy religiosos, a pesar de que eran dulces como la miel …
Quise iluminar por dentro de sus almas con un poco de la santidad del Shabat.
Les conté entonces esta historia. Después de varias semanas recibí una carta donde estaba escrito: ¡Mazal Tov! Me nació una nena.
Debes saber, que mi esposo y yo estuvimos en una actuación tuya en la cual contaste la historia de la mujer que estuvo embarazada nueve veces.
Debes saber que esa es también mi historia. Estuve embarazada cinco veces, y cuando te ví actuar estaba en el sexto embarazo.
Unos días después de tu presentación, me levanté por la mañana y no me sentía bien. Fui al médico, y me dijo que en algunas horas iba a perder –D-s no lo permita- a mi hijo.
Llamé a mi esposo y fuimos los dos al Beit Hakneset. Los dos caímos delante del “Arca Sagrada” y dijimos: Soberano del Mundo, desde ahora comenzaremos a cuidar Shabat.
¡Mazal Tov! Nos nació una niña.




