Shema Israel
Caratula:
Rav Shlomo Carlebaj
IÁJAD – KULAM KEDUSHÁ
JUNTOS – TODOS SANTIDAD
CUENTOS
Shema Israel
En medio de la guerra de Iom Kipúr, tuve el privilegio de hacer una presentación el Sábado por la noche en “un altar de sacrificios”.
Guevald. ¡Qué sacrificios sagrados que había allí! Había allí, pobrecitos, algunos que eran como sacrificios de elevación, es decir que fueron quemados totalmente en el altar.
Otros eran como sacrificios de “shelamim”, que –bendito sea Hashem- estaban con vida pero pasaron por muchos sufrimientos.
Había allí miles de soldados. La actuación llegó hasta el corazón del cielo.
Después de la presentación me invitaron dos oficiales a ir con ellos y pasar un rato ameno juntos.
Se acercó a mí un oficial con los ojos llenos de lágrimas y me dijo:
Debes saber, que –pobrecitos de nosotros- cuando la guerra comenzó, yo me encontraba con otro oficial. Pertenezco al movimiento “Hashomer Hatzair” (movimiento laico de izquierda), y soy un Judío laico de verdad. No es que yo no creo en el Kadosh Baruj Hu, yo creo que no hay Kadosh Baruj Hu. Yo creo que D-s no existe.
Les dije a mis hijos: el pueblo de Israel es como todas las naciones del mundo. Jerusalem es como Nueva York o como Tokio. No hay ninguna diferencia, y las cosas que dicen son puras tonterías y mentiras.
De pronto, veo al lado mío a un oficial que pertenecía a un kibutz religioso, una persona realmente agradable. Pero había una cosa que me molestaba de él …
Todo el tiempo mientras luchábamos, él gritaba a voz en cuello: “Shemá Israel Hashem E-lokeinu Hashem Ejad”. Hashem Ejad, Hashem Ejad, Hashem Ejad. Así gritaba todo el tiempo.
Yo le decía: Tú me pones nervioso. Ya no tengo fuerzas para escucharte. Yo se que tú crees en D-s. Yo me alegro de que tú seas un Judío religioso. Pero ya no tengo fuerzas para escuchar eso todo el tiempo. Ya no tengo fuerzas para escucharte … Tú sabes que yo soy laico, hazme un favor y deja eso de “Hashem Ejad”.
Él me respondía todo el tiempo: Tú luchas a tu manera y yo lucho a la mía.
Pasó el tiempo y me acostumbre: Todo el día “Hashem Ejad, Hashem Ejad” …
Hace dos o tres días, el jueves por la mañana, la guerra continuó otra vez. A la madrugada, al salir el sol, yo ya estaba acostumbrado a escuchar “Hashem Ejad”. Pero lamentablemente, esa mañana ya no lo escuche …
Miré a mi alrededor y lo veo, pobrecito, Guevald, Guevald: ¡le dispararon! Tiene solamente unos minutos más de vida.
Caí a su lado y le dije: Tú no tienes idea cuánto yo te quiero. Te ruego – déjame morir en tu lugar …
Lloré como nunca había llorado en mi vida. Tomé su mano y le dije: ¿qué puedo hacer por tí?
Con dificultad, apenas si él respiraba. La sangre corría por su boca. Coloqué mi oído sobre su boca y él me dijo: Júrame que vas a gritar “Hashem Ejad” en mi lugar …
Cómo lloró aquel oficial.
Y entonces me dijo: Debes saber que, en ese instante, el Kadosh Baruj Hu me abrió todas las puertas del cielo. No que de pronto comencé a creer. Yo verdaderamente vi que D-s existía. Vi que somos un pueblo sagrado y santificado.
Le dije entonces: Te juro, que yo, mis hijos y mis nietos, hasta el final del mundo, vamos a gritar en tu lugar “Hashem Ejad, Hashem Ejad” …
Y así él continuó: Yo pedí entonces que me dieran un permiso especial para volver a casa por un día, a pesar de que estábamos en el medio de la guerra, para así poder cumplir con mi juramento …
Y les tuve que pedir a mis hijos que me perdonen, que les mentí, que D-s sí existe, que hay un D-s en el mundo.
Esta historia quedó grabada en mi corazón.
Después de algunos años pensé: ¿Quizás solamente la soñé?
Era tan conmovedora que penetraba en lo profundo del corazón. Cada vez que yo la contaba todos me preguntaban: ¿Acaso esta historia sucedió de verdad?
Esta duda permaneció en mi pensamiento, hasta que hace algunos años hice una presentación en Efrat.
Se me acercó entonces un hombre y me dijo: ¿Te acuerdas de mi? Yo estuve parado a tu lado. Yo era entonces un oficial y estaba junto al oficial que te contó el cuento de “Hashem Ejad”.
Y agregó: Debes saber que yo tampoco era religioso. Pero gracias a él me transformé en un “Baal Teshuvá” (persona que retorna al cumplimiento de los preceptos del Judaísmo).




