JUNTOS – TODOS SANTIDAD CUENTOS

B”H

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Contratapa (Lado 1):

Nosotros decimos en la Hagadá de Pesaj:

“Se cuenta sobre Rabi Eliézer y Rabi Yehoshua ben Azariá y Rabi Akiva y Rabi Tarfón, que estaban sentados en Bnei Brak, y contaban cosas … toda aquella noche”.

 

*

Contratapa (Lado 2).

En mi caso, y seguro también en el de ustedes, nos preguntamos: ¿Cómo hacer buenos Judíos? ¿Cómo educar a los hijos? Por supuesto, hace falta mucho estudio. Pero antes del estudio “contaban cosas toda aquella noche”. La educación comienza con cuentos. Solamente con cuentos.

 

*

Rav Shlomo Carlebaj

 

Iájad – Kulam Kedushá

Juntos – Todos Santidad

Cuentos.

 

*

Por todo esto

Que sea magnificado, santificado, alabado, glorificado, ensalzado y loado el nombre del Rey de los reyes, el Kadosh Baruj Hu,

en los mundos que Él ha creado, este Mundo y el Mundo Venidero.

Según Su voluntad, la voluntad de quienes Le temen y la voluntad de toda la Casa de Israel.

Baluarte eterno, Señor de todas las criaturas, D-s de todas las almas,

que está sentado en las extensiones celestiales, que mora en los cielos más excelsos y prístinos,

Su Santidad está sobre las Jaiot; Su Santidad está sobre el Trono de Gloria: Y así sea Tu nombre santificado en nuestro seno, Hashem, nuestro D-s, ante los ojos de todo ser viviente,

y cantaremos ante Él un nuevo cántico como está escrito:

‘Cantad a D-s, entonad música a su nombre, exaltad al que cabalga sobre los cielos más prístinos, con su nombre Y-ah y regocijáos ante Él:

y lo veremos ojo con ojo cuando Él retorne a Su morada, como está escrito: ‘Porque ojo con ojo verán el retorno de Hashem a Tzión’:

y fue dicho: ‘y se revelará la Gloria de Hashem,

y junta toda la carne verá, que la boca de Hashem habló.

*

Rav Shlomo Carlebaj

Iájad – Kulam Kedushá

Juntos – Todos Santidad

Jerusalem 5765.

 

*

Indice (HAY QUE LLENARLO UNA VEZ EDITADO).

 

Nota del Traductor:

 

Este volumen es la traducción del libro “Iájad – Kulam Kedushá”, editado en base a la transcripción de los cuentos relatados oralmente por el Rabino Shlomo Carlebaj de bendita memoria.

 

Intenté ceñirme lo más posible al estilo original de Rav Shlomo, realizando cambios únicamente donde los estimé convenientes, a los efectos de lograr con ello una mejor y más clara comprensión.

 

Explicaciones que aparecen entre paréntesis en el texto, fueron hechas con idéntico propósito.

 

Los nombres hebreos de personas y lugares fueron conservados tal y como se pronuncian originalmente en este idioma. Idéntico trato han seguido los saludos tradicionales así como algunas otras expresiones, las cuales fueron conservadas en su forma original de acuerdo a como fueron dichas por Rav Shlomo. Las mismas aparecen traducidas al castellano, generalmente sólo la primera vez en que fueron mencionadas.

 

Se ha tomado como norma, que los nombres que en hebreo comienzan con la letra “i” han sido escritos con “i” latina y no con “y” griega, con objeto de evitar que la “y” griega sea leída como “sh”, tal como sucede en determinados países de Latinoamérica; pese a que su escritura sería más correcta con “y” griega que con “i” latina.

 

En ciertas circunstancias,  se encontrarán palabras con acento gráfico, cuando realmente le correspondería un acento prosódico. El fin perseguido a conciencia, ha sido enfatizar mejor la correcta pronunciación.

 

Por demás errores u omisiones, pido mis disculpas al lector.

 

Para finalizar, deseo expresar mi más sincero agradecimiento, y mis más cálidos deseos de éxito y bendición al Dr. José Luis Najenson, quién corrigió el texto traducido, a la vez que aportó acertadas observaciones.

 

Sea la voluntad del Creador del mundo,  que las dulces y sabias palabras de nuestro Rabino Shlomo Carlebaj, lleguen a lo más profundo de nuestro corazón, despertándonos y conduciéndonos hacia una vida de mayor compromiso con el presente y futuro de nuestro pueblo y de nuestro Judaísmo.

 

Con profundo amor por todo el pueblo de Israel

 

Rabino Richard Kaufmann

Traductor y Editor de la versión castellana.

 

Introducción:

 

“Y ahora escriban este poema y enséñenselo al Pueblo de Israel …” (Devarim 31, 19).

 

“Y lo llamó ‘poema’, para que el pueblo Judío lo diga siempre con canto y música’ (Ramba”n).

 

“Y dijo Rabi Shfatia, dijo Rabi Yojanan: ‘Todo el que lee sin entonación y estudia sin canción, sobre él está escrito: ‘Y yo también les di a ellos leyes no buenas’ ” (Tratado de Meguilá 32, 1).

 

El Rabino Shlomo Carlebaj era  muy especial. Todo para él era el pueblo de Israel -todo el pueblo de Israel-, la Torá y el Kadosh Baruj Hu.

 

Y su trabajo siempre lo realizaba con alegría, “con canto y música”.

Y no sólo escribió y compuso cientos de canciones y melodías, sino que todas sus charlas y presentaciones siempre estaban colmadas de canto y acompañamiento musical.

 

Su canto era muy especial. Y su origen estaba en la profundidad de su alma, sedienta del D-s vivo, que ansiaba y deseaba la unión completa entre Hashem, la Torá y el pueblo de Israel.

 

Rabi Shlomo era el alumno por excelencia de los grandes sabios del Jasidismo de todos los tiempos, desde el Baal Shem Tov, Rabi Levi Itzjak de Berditchev, Rabi Elimelej de Lizensk y su hermano Rav Zusha, el Jozé de Lublin, el Maguid de Koznitz, el “Ohev Israel” de Afta, y otros; y en el tiempo del Holocausto – Rabi Kalonimus Kalman de Piazcezna Hi”d.

 

Al igual que sus Rabinos, él veía en cada persona del pueblo de Israel sólo el bien, su riqueza interior, el alma sagrada, pura y límpida, que solamente en su apariencia exterior fue manchada por los acontecimientos de la vida, los cuales la transformaron en artificial y ordinaria.

 

Tal como los Tzadikim superiores, él no sólo amaba a los justos y a las personas buenas y correctas, sino que también se preocupaba por ¿quién iba a ser el Rabino de los ladrones?, y ¿quién iba a acercar a las personas con el corazón quebrantado?

 

Rabi Shlomo enseñó, que para unir al pueblo de Israel con su Padre Celestial, debemos de iluminar hacia el interior del alma con la grandiosa luz del Judaísmo, el gusto y el placer por las palabras de Hashem … Y la mejor y más agradable manera de hacer esto es con música, con palabras bellas y con canciones.

 

El libro que tenemos ante nosotros, no es más que una breve transcripción de sus miles de cuentos; y a pesar de que la forma de un cuento oral no se parece al estilo de un cuento escrito, de cualquier manera nos esforzamos por conservar el estilo singular, vivo y preciso de Rav Shlomo.

 

Lo importante para Rav Shlomo era penetrar en los corazones de quienes lo escuchaban, y sembrar en ellos los mensajes educativos y éticos que se hallaban ocultos en los cuentos; haciéndolos entrar en la vivencia espiritual que estaba presente en la profundidad de los detalles que había en cada acontecimiento; meditando y aprendiendo de las conductas y maneras de actuar de los “grandes” sabios del pueblo de Israel (junto a las decenas de miles de integrantes del pueblo de Israel).

 

Él sabía, que solo podemos llegar a ver la envoltura externa de la realidad, mas su interior “ningún ojo fuera del ojo Divino lo puede llegar a ver”. Para él “todos son amados, todos son limpios, todos son santos, y todos hacen con temor y respeto la voluntad de su D-s …”.

 

Rabi Shlomo quizó que sus cuentos sean difundidos en ese estilo, que no sean elaborados, para así no perder por causa de ello su vitalidad y su espiritualidad.

 

Por supuesto que no pudimos incluir aquí la melodía que acompañaba a los cuentos relatados oralmente, pero “que escuche el sabio y agregue aprendizaje” …

 

Es mi voluntad agradecer a los alumnos de Rav Shlomo que me ayudaron: a mi amigo Yehuda Katz, a Michael Brand y en especial a Mija Hodenhaymer. Gracias también a Rav Moshe Lijtman por su gran ayuda.

 

El Rabino Bentzi Rabi, colega y amigo, fue quién revisó la redacción de los cuentos, y me ayudó a vertirlos de manera legible, tratando de cuidar el estilo vivo y preciso, de la forma en que originalmente lo había contado Rav Shlomo, y por ello le doy las gracias.

 

Vaya mi agradecimiento a la hija de Rav Shlomo, Neshama, que me permitió editar el libro y se portó conmigo con “ojo bueno”, de una manera agradable y cariñosa.

 

Agradezco a mi amigo, Jaim Moshkin, quién estuvo presente en todo momento contribuyendo a lograr la belleza del libro, que Hashem bendiga sus esfuerzos y que sus acciones sean bien recibidas.

 

Y por último, a mi esposa Sarik, a quién debo todo lo que tengo, y por cuyo mérito, motivación y buen consejo este libro fue editado. Quiera Hashem que podamos criar a nuestros hijos con alegría en el camino de la Torá, la Jupá, las mitzvót y las buenas acciones.

 

Al finalizar, elevaré un rezo al Kadosh Baruj Hu, que así como me permitió concluir este libro, me ayude a comenzar otros libros y terminarlos, y estudiar, enseñar, cuidar, hacer y cumplir todas las palabras de la Torá con amor.

 

Yerujam Dan Cohen

Editora Kol Mevaser

Iosale el Avaro Santo

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Iosale el Avaro Santo

 

Este cuento se lo contó mi padre a mi hermano. Puede ser que se lo contó mil veces, o quizás mil y una vez.

 

Este cuento se encuentra en casi todos los libros de Jasidim que cuentan cuentos, los cuales descienden hasta las profundidades del corazón.

 

En Krakov (Cracovia), ciudad sagrada, había hace como cuatrocientos años un Rabino, nuestro Rabino el Ba”j, Rabi Yoel Sirkis, del cual somos sus descendientes.

 

Solo gracias al Ba”j somos Judíos auténticos. Qué abuelo teníamos … qué abuela …

 

En Krakov hay una tumba especial, un poco solitaria y un poco en medio de las demás. Un poco cerca y un poco lejos. Y sobre la tumba está colocada una piedra, una pequeña lápida. Y así está escrito en ella: Aquí yace Iosale el Avaro Santo …

 

Iosale el Avaro Santo, Iosale el Avaro Santo.

 

*

Aproximadamente hace cuatrocientos años en Krakov, todos los Judíos eran pobres e indigentes, vivían sus vidas sufriendo persecuciones y agresiones, enfrentándose a problemas terribles, necesidad y estrechez.

Sólo había un Judío rico. Él tenía mucha plata. Su nombre era Iosale.

Jamás le había dado un centavo a ningún Judío.

 

No tiene corazón. No tiene alma. “No es un Judío” – evidentemente.

Así está escrito en los libros del Mahara”l, que la persona que comete una trasgresión no es que está en contra del Kadosh Baruj Hu (Santo Bendito Es), sino que le es difícil hacer la voluntad de su Creador. Pero el avaro en cambio, está en contra del Kadosh Baruj Hu: Hashem (D-s) solamente da y él sólo quiere tomar …

 

Entonces, obviamente, cuando un Judío así llega al Beit Hakneset (Sinagoga), ¿quién le va a decir “Shabat Shalom”, y quién lo va a bendecir diciéndole “Shana Tová” (Buen Año)? Es una persona solitaria.

 

Cuando va por la calle, los niños le tiran piedras.

¡Qué vergüenza que un Judío así viva dentro del Ghetto de Krakov!

Pero qué se puede hacer …

 

Cuando se supo en la “Jevra Kadisha” (Sociedad Sagrada encargada de los entierros), que Iosale estaba muy enfermo, camino a la vida eterna, ellos vinieron a visitar al enfermo, y le dijeron: Iosale, tú no te vas a llevar el dinero contigo, eso es algo claro; deja entonces algo para los pobres. Jamás diste nada para los pobres de Krakov. Danos mil rublos por tu entierro, y nosotros le pasaremos ese dinero a los pobres.

 

Pero Iosale se mantuvo firme en lo suyo …

Y les dijo: yo no puedo permitirme pagar ni siquiera cincuenta rublos.

 

Eso era sencillamente una broma.

 

Ellos replicaron: Iosale, si vos no nos das cincuenta rublos no te vamos a enterrar.

 

Él no tuvo miedo y así les contestó: Toda mi vida hice todo por mí mismo. Me voy a enterrar a mí mismo también.

 

Ellos ya no tenían fuerzas. Una persona pocos minutos antes de irse hacia la vida eterna … no tiene … definitivamente ya no hay lo qué hablar …

 

Ellos querían irse. De pronto, parece ser el final de Iosale que con dificultad dice: “Shemá Israel Hashem E-lokeinu Hashem Ejad” (Escucha Israel, Hashem es nuestro D-s, Hashem es Uno) … De seguro que cuando lo dijo estaba pensando en los cincuenta rublos … Y entonces se murió. Ya no existía más.

 

La comunidad cumplió con su promesa. Ellos no lo enterraron.

 

Falleció el día domingo por la noche pero no lo enterraron. El lunes tampoco lo enterraron, y lo mismo el martes.

 

El miércoles de noche, un vecino se dijo a sí mismo: ¿Y entonces, como dice la Guemará: ¡¿quedará allí hasta que venga el profeta Eliahu?! Alguien debe enterrarlo. Tiene esposa e hijos …

 

En medio de la noche, para que no lo vean, tomó él mismo a Iosale, lo cargó en la carreta para trasladarlo al cementerio, y allí, en un rincón, lo enterró.

 

¿Ustedes piensan que con esto se acabo el cuento? ¡El cuento recién empieza!

 

En la época en que sucedió nuestra historia, el Gran Rabino de la ciudad de Krakov era, obviamente, una persona justa, piadosa y elevada, un sagrado cabalista cuyo nombre era Rabi Kalman.

 

El jueves por la noche, un mendigo golpeó a la puerta de la casa de Rabi Kalman y así le dijo: Mi santo Rabi, déme por favor dinero para comprar comida en honor al sagrado Shabat.

 

Le contestó: Va a ser una alegría para mí. Te lo daré. Sin embargo, yo te conozco a ti hace veinte años, ¿por qué llegaste justamente el día de hoy?

 

Y él le dijo: sepa usted mi sagrado Rabi, que hace veinte años que yo no tengo cómo sustentarme. Sin embargo, los jueves por la mañana, alguien me dejaba debajo de la puerta rota de mi casa, un sobre en honor al Shabat con diez rublos …

 

Después de algunos minutos vino otro menesteroso y le dijo: Mi sagrado Rabino, yo no tengo dinero para comprar cosas para Shabat.

 

¿Dónde estuviste el Shabat pasado?

 

Rabi, hace diez años que yo no tengo sustento. Cada jueves por la mañana encontraba un sobre en honor al Shabat sagrado debajo de la puerta rota de mi casa. En honor al Shabat sagrado: cinco rublos.

 

En la misma noche, todos los pobres de Krakov llegaron con la misma historia.

 

El jueves por la mañana, debajo de la puerta rota, un sobre en honor al Shabat sagrado. A uno – diez rublos. A uno – cinco rublos. A uno – un rublo.

 

Iosale. Iosale. Iosale …

 

Rabi Kalman tenía el corazón quebrantado. ¡Qué persona tan piadosa! ¡Qué justo tan santo! ¡Qué Tzadik (justo) oculto teníamos!

 

Y él le preguntó a los pobres: Entonces, yo no entiendo, a ti te daba diez rublos, a ti cinco, ¿de dónde él los conocía?

 

Todos le contaron exactamente lo mismo.

 

Cada uno, alguna vez, decidió visitar a Iosale. Es posible …

 

Él pobre entraba a la casa de Iosale. Iosale habría todos los portones del corazón, y le decía: Oy, qué alegría de verte. Yo te agradezco desde lo profundo de mi corazón. Jamás me olvidare del honor que me has hecho al venir a visitarme.

 

¿Cómo te llamas? – Avrahamale.

¿En qué trabajas? – Soy aguatero.

¿Cuántos hijos tienes? – Doce hijos.

 

Oy vey, Avrahamale. Mi corazón está destrozado. Seguro que tú te mueres de hambre …

 

Dime la verdad: ¿cuánto dinero necesitas?

 

Oy, Iosale, si me pudieras dar diez rublos por semana, entonces podría alimentar a mis niños.

 

¿Dónde vives? …

 

Y entonces él traía un poco de vino, algunas galletas. Se sentaban y charlaban.

 

De pronto, como si estuviera loco –y Iosale era una persona muy fuerte- tomaba a Avrahamale el aguador y lo echaba fuera de su casa.

 

Y entonces le decía: Avrahamale, ¿te has vuelto loco, acaso yo, Iosale, el avaro, te voy a dar dinero? No oses venir otra vez …

 

Avrahamale retornaba a su casa y le contaba a su mujer: Él no sólo es un avaro, está totalmente loco.

 

… Y se olvidaba entonces que había estado en lo de Iosale …

 

Y el jueves por la mañana, debajo de la puerta rota de Avrahamale el aguador – había un sobre en honor al Shabat sagrado, con diez rublos.

 

Rabi Kalman declaró en el día del Shabat sagrado, un ayuno de toda la congregación para el día domingo.

 

Toda la santa comunidad de Krakov tenía que presentarse en la sinagoga, para pedirle perdón a Iosale, porque no lo enterraron.

 

Los gritos, los llantos y los rezos llegaron hasta el corazón del cielo.

 

Cada uno lloraba a “grito partido”: Iosale, santo Iosale, veinte años tú me mantuviste, y mis hijos te tiraban piedras … Iosale perdóname. Iosale avaro santo, perdóname … Todos gritaron. Todos lloraron.

 

Rezaron el rezo de Minjá. Leyeron en la Torá el párrafo de “Vayejal Moshé”  – e imploró Moshé – delante de Iosale. “Retorna de tu enojo”.

 

Luego del rezo de Maariv, Rabi Kalman les dijo: Señores míos, no retornen a sus casas. Yo no siento aún que Iosale nos ha perdonado.

 

Rabi Kalman, sagrado y bendecido, el gran cabalista, abrió el Aron Hakódesh (Arca Sagrada) y dijo: Iosale, Iosale … en nombre de toda la santa comunidad de Krakov, te ruego: dame una señal de que nos perdonas.

 

Rabi Kalman cayó al suelo y pensaron que -Hashem no lo permita- había tenido un ataque cardíaco. Sin embargo, él solamente dormía …

 

En su sueño vio a Iosale. Pero no como era aquí, en este mundo lleno de mentiras. Sino como estaba allí, en el Paraíso, pleno de luz e irradiando luminosidad. Alabanza le dan …

 

Y Iosale dijo: Rabi Kalman, no hay necesidad de perdonar, no hay necesidad de nada. Solamente dígale a todos los pobres: que yo les agradezco de todo corazón que alguna vez en sus vidas vinieron a visitarme. Yo les agradezco a ellos toda mi vida por eso.

 

Diles: Yo estoy sentado aquí, en el Paraíso, al lado de Abraham nuestro patriarca y Sará nuestra matriarca, “y él está sentado en la puerta de su tienda al calor del mediodía”, aquí lo tengo todo. Pero hay una sola cosa que no tengo: aquí no hay sobres … aquí no hay diez rublos. Aquí no hay una puerta rota. Aquí no hay un corazón quebrantado. Yo vendería todo mi Paraíso con tal de volver a hacer lo que hacía antes otra vez.

 

Y Rabi Kalman le preguntó:  ¿Cómo te sentiste al ser enterrado solo en medio de la noche?

 

Y Iosale le dijo: Rabi Kalman, yo estoy en el Paraíso, y aquí no se puede mentir. No estaba sólo. Todos vinieron – Abraham nuestro patriarca, Sará nuestra matriarca, Itzjak nuestro patriarca  con Rivka nuestra matriarca, Yaacov, Rajel y Lea, Yosef el justo, Moshé nuestro maestro y Aharon el sacerdote, y el rey David con el arpa en su mano caminaba delante de mí para abrirme paso hacia el Paraíso, y el profeta Eliahu, Eliahu el Tishbita fue conmigo todo el camino hasta que encontré mi lugar en el Paraíso …

 

*Y Iosale dijo: Rabi Kalman, ustedes entienden, todos los jueves por la mañana, cuando iba en secreto con todos los sobres en honor al Shabat sagrado, sólo él iba conmigo – el profeta Eliahu …

 

*

Iosale de Krakov

 

Exactamente hace veintidós años, fui invitado a participar en un congreso de todas las religiones (en el año 1973), en algún lugar de América.

 

Hubo un congreso de todas las religiones y allí había mucho amor y mucho respeto entre el uno y el otro. Y cada religión era anfitriona de las demás religiones.

 

En honor al pueblo de Israel ellos decidieron que la primera noche sería la noche de Am Israel.

 

Y el Rabino allí, un Rabino muy agradable, lo conozco de la época de la “Metivta Torah Vadaat”, preparó todo de una manera sumamente ordenada y con gran abundancia, tal como el banquete del Rey Shlomó (Salomón) en su tiempo, y todas las religiones estaban allí. Y como yo representé al pueblo de Israel, yo fui quien habló.

 

Quise entonces contarles una historia que les interese. Y les conté la historia de Iosale el avaro sagrado, Iosale de Krakov …

 

Entre todos los representantes de las religiones allí presentes, había allí un obispo, en apariencia una persona elevada, una persona con alma.

 

Su secretario se llamaba Joe. Yo me sorprendí de su rostro. Se podía ver a la Divina Presencia reflejada en él. No supe por qué, pero sentí que algo muy grande irradiaba de él …

 

Él se acercó a mi luego de que terminé de contar el cuento de Iosale de Krakov, y con muchas lágrimas en los ojos me dijo: Jamás podré explicarte cómo este cuento toco mi corazón, pero debes saber que yo te estoy agradecido.

 

En el segundo día los católicos debían ser los anfitriones. Pero su cocina estaba rota, y le pidieron al Rabino si él podía ser el anfitrión otra vez. Esta vez los católicos eran los anfitriones, pero la comida era kasher.

 

Me senté en un rincón y permanecí callado.

 

De pronto vino a mi Joe, el secretario del obispo, y me dijo: Debes saber una cosa, el obispo no durmió toda la noche. Él pensó toda la noche en Iosale, en Iosale de Krakov, el avaro santo. ¡Qué persona santa! Y yo, yo te he dicho, jamás lo sabrás … Pero el obispo pide que cuentes el cuento de Iosale otra vez más.

 

Y por supuesto que yo lo conté de nuevo.

 

Estuvimos allí durante una semana, con mucho respeto mutuo y con mucha alegría.

 

La última noche tuve el honor de presentarme ante toda la universidad. Había allí miles de estudiantes, y al concierto asistieron alrededor de cinco mil estudiantes.

 

Antes de la presentación se me acercó Joe, el secretario del obispo, y yo noté que algo le había pasado. Entonces él me dijo: Yo te ruego de todas las formas posibles, que cuentes el cuento una vez más. No pienses que estoy loco. Yo te voy a decir más tarde porqué te pedí que lo cuentes nuevamente.

 

Noté que para él era como si toda su vida estuviera pendiente de escuchar de nuevo este cuento.

 

Y yo conté el cuento. El piso estaba lleno de lágrimas, de los cinco mil estudiantes que habían allí. Todos lloramos.

 

Iosale avaro santo. Iosale avaro santo …

 

Después de la presentación se acercó a mi Joe, el secretario del obispo, y me dijo: vamos a caminar un poco.

 

No lo voy a olvidar jamás. En esa ciudad hay muchas montañas y colinas. Subimos a cada colina. De pronto él se paró y me dijo: Shlomo, perdóname, te mentí. Mi nombre no es Joe. Mi nombre es Iosale de Krakov. …

 

Yo soy uno de los nietos de Iosale el avaro santo. Mi abuelo también se llamaba Iosale, era un Jasid (fiel/seguidor) de Koznitz. Un hombre millonario, un filántropo como todavía no había en el mundo. Y mi madre, Guevald, estuvo en Dachau, el campo de exterminio.

 

Mi padre era católico. Un soldado americano. Él la encontró casi muerta. Se la llevó a América, la curó, y se casó con ella … Con una sola condición – que jamás le cuente a nadie que era judía.

 

Como tú ves, yo provengo de una casa sumamente religiosa. Católicos. Yo soy el secretario del obispo.

 

Hace algunas semanas, me llamó mi madre y me dijo: Joe, sólo me quedan algunos días más de vida. Ven rápido, pues no puedo abandonar el mundo sin contarte todos mis secretos.

 

Yo llegué al hospital, y me dí cuenta que ella ya casi no estaba en este mundo, estaba casi muerta.

 

Me tomó de la mano y dijo: Joe, te mentí … Tu nombre no es Joe. Tu nombre es Iosale. Iosale de Krakov …

 

Durante tres días ella me contó sin cesar acerca de mi abuelo, de Iosale el avaro santo. Mi abuelo, su padre. Me contó sobre el sagrado Shabat, sobre los días festivos, sobre los Tzitzit (flecos que se colocan en vestimentas con cuatro puntas), sobre los Tefilin (filacterias). Me explicó qué es un pueblo sagrado, qué es un pueblo elegido, que es D-s. Y un instante antes de morir me dijo: No te olvides. Tú eres Iosale de Krakov. Tú eres Iosale de Krakov.

 

Y entonces, mi madre pasó a mejor vida. Seguro que está en el Paraíso. Guevald (expresión con varias acepciones: D-s mío, impresionante, maravilloso).

¡Cómo sufrió ella a lo largo de toda su vida!, pues no tuvo el privilegio de poder vivir como judía. Yo estoy seguro que ella está sentada al lado del abuelo de mi abuelo, al lado de Iosale el avaro santo …

 

Pero yo, ¿en qué mundo estoy yo?

 

Yo soy Joe, el secretario del obispo, tengo una carrera muy promisoria en la Iglesia. Quién sabe a dónde puedo llegar. Pero yo no soy Joe …

Yo soy Iosale de Krakov …

 

Yo verdaderamente no sé lo qué hacer de mi vida. Lloro todo el día. Mi corazón está partido en mil pedazos.

 

Hace algunos días lloré toda la noche ante el Santo Bendito Sea.

 

Le dije: Soberano del Mundo, dame una señal para que yo sepa qué quieres que yo haga con mi vida.

 

Soberano del Mundo, si Tú verdaderamente quieres que yo sea Judío, entonces envíame a alguien que diga las palabras:

 

Iosale de Krakov. Iosale de Krakov. Iosale avaro santo de Krakov …

Entonces yo sabré que Tú quieres que yo sea Judío.

 

Y ahora, yo vengo a aquí a un congreso, a representar a los católicos, y en la primera noche tú cuentas sobre Iosale …

 

Te juro que vi a mi madre, parada detrás de ti, con sus manos elevadas hacia el cielo. Yo se que mi madre te envió a ti desde el Paraíso, para que me digas que yo soy Iosale de Krakov.

 

No tenía fuerzas. No tenía valor. Te pedí en la segunda noche y también en la noche de hoy …

 

De pronto se paró, y sacó de su bolsillo un pasaje … a Tel Aviv …

 

Mañana a las cinco me voy. No le contaré a nadie a dónde me voy. No me llevo nada conmigo. Solamente mi alma.

 

Yo no quiero que mi padre se decepcione de mi madre, pues después de todo él le salvó la vida. Sin él, D-s no lo permita, mi madre no hubiera quedado con vida. Por este motivo yo no quiero contarle que mi madre me contó que ella era judía.

 

Y entonces me dijo: Perdóname si no vas a escuchar de mi, pues todos saben que yo hablo contigo todo el tiempo …

 

Solamente una cosa: si tengo el mérito de casarme alguna vez en la ciudad sagrada de Ierushalaim (Jerusalem) con mi pareja, por las bondades de Hashem y por su enorme compasión, yo te prometo que – una noche antes de la Jupá – me voy a sentar al lado del Kotel (Muro Occidental) a media noche y te voy a escribir.

 

¡Cómo esperé esa carta …! Cada vez que vine a Israel busqué a Iosale de Krakov. ¿Pero cómo se lo podría encontrar? Yo sé que él tiene miedo de verme. Aparentemente la policía aún lo busca.

 

Ahora, en Israel, seguro que él ya tiene barba, y no una enorme cruz colgada sobre su cuello durante todo el tiempo. No obstante lo busqué y esperé su carta …

 

En el año 1979, seis años después de haberlo visto por última vez, de pronto llegó una carta a mi mano. Todavía tiemblo por esa carta …

 

Sobre un lado está escrito mi nombre, y sobre el otro: Iosale de Krakov. Ierushalaim Ir Hakodesh (la ciudad sagrada).

 

Sólo el Mashiaj (Mesías) puede comprender eso.

 

Y así escribió:

 

Para mi amigo, mi hermano, yo te agradezco a cada instante, a cada instante, porque me ayudaste a saber que soy Iosale de Krakov. Debes saber que aquí, en Ierushalaim, me veo igual que mi abuelo. Tengo barba, peot (pelo que se deja crecer a los costados de la cabeza) y Tzitzit. Estudio Torá como lo hacía mi abuelo. Estudio Torá día y noche. Mi Shabat es como el Shabat de mi abuelo.

 

Mañana por la noche me caso con mi pareja.

En mi sueño, ella es como mi abuela. Llena de gracia. Un corazón de oro. Plena de generosidad y benevolencia. Como Sará nuestra matriarca.

Ahora estoy sentado al lado del Kotel. Son las cuatro de la mañana. El Kadosh Baruj Hu y su Divina Presencia están aquí. Lloran y se acongojan por la destrucción del Templo junto a mí. Lloran y se acongojan por todos los “Joe’s”, que se olvidaron que son Iosale.

 

Yo te bendigo para que tengas el mérito de recordarles a todos, que ellos son “Iosale de Krakov”.

Lo mío – Lo tuyo

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Lo mío – Lo tuyo

 

“Tu eres Uno y Tu nombre es Uno y quién es como Tu pueblo Israel”

Y sucedió, que en la casa del santo Baal Shem Tov, a cada pobre que venía le daban dieciocho centavos.

 

Una vez vino un Judío que empezó a gritar y dijo: yo fui una vez rico, yo no acepto dieciocho centavos, yo quiero cinco rublos.

 

El ayudante del Baal Shem Tov le dijo: escucha, hay aquí muchos Judíos que alguna vez fueron ricos, pero el Baal Shem Tov no es rico. Cada uno recibe de él dieciocho centavos. Si tú no quieres, entonces no los recibirás.

 

Él pobre comenzó a maldecirlo y armó un gran alboroto.

 

El Baal Shem Tov salió de su cuarto y preguntó: ¿Qué sucede aquí?

 

Su ayudante le dijo: este hombre Judío rehusa recibir los dieciocho centavos, él quiere cinco rublos, porque alega que una vez fue rico.

 

El Baal Shem Tov lo miró y le dijo: en lugar de pedir cinco rublos, por qué no preguntas: ¿”por qué el Kadosh Baruj Hú me castigó, haciéndome perder todo el dinero que una vez tuve?”

 

Y el Judío contestó: pues bien, eso es entonces lo que yo pregunto …

 

Entonces dijo el Baal Shem Tov: Entra y siéntate.

 

¿Te acuerdas que en una época eras el Judío más rico de tu aldea?

En Iom Kipúr solías pasar de un Judío a otro, y les dabas a oler un poco de tabaco. Shmek  tabak (una pizca de tabaco). De esta manera revivías a todos los Judíos. ¡En un día de ayuno, el “shmek tabak” te revive el alma!

 

La última vez, cuando todavía eras una persona con mucho dinero, pasaste de un Judío a otro y viste, al final del Beit Hakneset, a un Judío que no sólo ayunaba en Iom Kipúr, sino que ayunaba durante todo el año … porque no tenía lo que comer … Él esperó ese “shmek tabak” durante todo el día de Iom Kipúr. Y tú pensaste, que estaba por debajo de tu honor darle a una persona como él. Y lo pasaste de largo …

 

Ese Judío casi se muere. ¡Casi se muere! A causa de ello hubo un gran tumulto en el cielo … Y entonces decidieron sacarte todo tu dinero y dárselo a aquel Judío …

 

Ahora ese Judío es un millonario, y tú eres el pobre en su lugar.

 

Pero, todavía, el Judío no comprendía Y en ese momento le dijo: entonces, ¿cómo puedo hacer para recibir el dinero de vuelta?

 

Respondió el Baal Shem Tov:

saber, que si alguna vez le pides que te dé “shmek tabak” y él no te da, entonces el dinero habrá de retornar a ti.

 

Pensó entonces el Judío para sus adentros: yo puedo lograr hacer eso …

Y volvió a la aldea …

 

El rico estaba parado en la mitad del rezo de “Shmoná Esré” (oración central que se reza tres veces por día de pie). Cuando terminó “osé shalom” (la última parte de dicho rezo) inmediatamente le preguntó al pobre: ¿Qué quieres?

 

Y éste contestó: Shmek tabak.

Cada vez que el pobre pedía, el rico le respondía:

 

Escucha, si tú lo pides, seguro es porque lo necesitas … Y le daba.

Una vez llamaron al rico a la Torá, y el pobre se paró al costado del podio y no lo dejo subir. Él rico le preguntó: ¿Qué quieres?

 

Shmek tabak !

 

Si tu pides, de seguro es porque lo necesitas …

 

Ya hacía muchos años que le hacía la vida imposible, y él siempre le daba.

 

El pobre entonces pensó: Voy a tener que hacer algo especial, algo que sea verdaderamente inconcebible …

 

Y cuando el rico fue a casar a su hija, era tanta su alegría que tomó a su hija, saltó sobre la mesa y bailó con ella el “mitzvá-tantz”.

 

De pronto, el pobre colocó su mano sobre el pie del Judío rico y le dijo:

 

Quiero shmek tabak.

 

Él estaba seguro que ahora sí le iba a decir: ¡En serio, es una falta de respeto! En el medio del baile con mi hija …

 

Sin embargo, el rico, que tenía un alma muy preciada, le respondió: Si tú pides – de seguro es porque lo necesitas …

 

Y entonces el pobre … se desmayó.

 

Después que el pobre volvió en sí, él rico le preguntó: ¿Por qué te desmayaste?

 

El pobre contestó:

¿Te acuerdas de mi?! Yo era una vez rico en tu lugar. El Baal Shem Tov me dijo que tú mereciste recibir del cielo todo el dinero que me pertenecía.

 

Entonces el rico le dijo: Si el Baal Shem Tov dice que el dinero que era tuyo está ahora bajo mi dominio, yo estoy dispuesto a darte la mitad de lo que tengo … Pero con una condición: que nunca digas que no cuando “un bebé” venga y te pida algo …

 

Ustedes comprenden señores míos.

Cuando alguien nos pide algo – nosotros no le hacemos el favor a ninguna persona, solo a nosotros mismos.

Lo principal de todo en el Judaísmo es: si un Judío te pide algo, no le digas que no.

Moishele el Ladrón

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Moishele el Ladrón

 

Nosotros decimos en la Hagadá de Pesaj: “Aconteció que Rabi Eliezer y Rabi Yehoshua y Rabi Elazar ben Azaria y Rabi Akiva y Rabi Tarfón que estaban sentados en (la ciudad de) Bnei Brak, contando cuentos … toda aquella noche”.

 

En mi caso, y seguramente también en el de ustedes nos preguntamos: ¿Cómo se hacen buenos Judíos? ¿Cómo se educa a los hijos?

 

Obviamente, con mucho estudio.

Pero antes del estudio – “estaban contando cuentos toda aquella noche”.

La educación comienza con cuentos. Solamente con cuentos.

 

Todos preguntan: Cuando salimos de Egipto, ¿por qué no cantamos hasta haber cruzado el Mar Rojo?

 

Para mi la respuesta es muy simple. En la noche del Seder (Orden ritual que se realiza en la primer noche de la festividad de Pesaj) primero contamos lo que sucedió. Sólo después cantamos.

 

Cuando le contamos cuentos a los niños, ellos los recuerdan para toda la vida.

 

“Jamás olvidaré tus memorias, pues ellas me han dado vida”.

 

Comencemos con un cuento del sagrado Baal Shem Tov.

 

Cada uno quiere tener trato solamente con los Tzadikim (justos). En toda Yeshivá (Academia de Estudios) quieren solamente alumnos buenos. ¿Pero quién quiere ladrones?; ¿quién quiere mentirosos?, ¿quién quiere personas con el corazón quebrantado?

 

Pero con el Kadosh Baruj Hu, es algo diferente. “Hashem está cerca de todos los que tienen el corazón quebrantado”.

 

Y ésta es la diferencia entre un “Tzadik superior” y un “Tzadik inferior”.

 

El “Tzadik inferior” ama solamente a los “Tzadikim”. El “Tzadik superior”, como, por ejemplo, el sagrado Baal Shem Tov, el Rey David, o como el mismísimo Kadosh Baruj Hu, ellos aman a toda persona que tiene su corazón quebrantado. A todas las almas que están “partidas” …

 

En Meziboz, Guevald, ¡cuánto duele el corazón cuando sólo se escucha la palabra Meziboz!

 

Y entonces como les decía, en Meziboz había un Judío que se llamaba Moishele, un simple ladrón. Gracias a D-s tenía una larga mano y alcanzaba a robar de todo …

De pronto, comenzó a ser Jasid del sagrado Baal Shem Tov. El hizo “Teshuvá” (retorno al camino de D-s), y –obviamente- sólo les robaba a los ricos, no a los pobres … un cambio positivo …

 

Y una cosa más – los ricos, cuando les roban, ellos recurren obviamente a la policía.

 

Los pobres, en cambio, pobrecitos, ellos no recurren a la policía. Por eso, cada vez que la policía lo perseguía, Moishele entraba al Beit Midrash (Casa de Estudio) del sagrado Baal Shem Tov, y le decía: Mi santo Rabi: ¡otra vez robe! Bendíceme por favor para que no me encuentren.

 

El sagrado Baal Shem Tov, en su inmensa compasión, lo bendecía a Moishele diciéndole: Yo te bendigo para que la policía se olvide de todo.

 

Y así, bendito sea D-s, Moishele robaba, el Baal Shem Tov lo bendecía, y como se dice en inglés “They lived happily ever after”.

 

Pero una vez pensó Moishele, ¿cuánto puedo robar de los ricos de Meziboz? ­­¡Toda persona que tenía diez rublos en el bolsillo, era ya considerado un rico en la ciudad de Meziboz!

 

Y él soñó: alguna vez en la vida quiero robar algo … como dice la Guemará:  “­­¡un bocado digno de ser comido!”.

 

De pronto, escuchó que uno de los familiares del Zar de Rusia iba a pasar por Meziboz, con treinta mil rublos en el bolsillo.

 

Ah, eso no es algo simple. Obviamente, él comprendió que eso era una señal del cielo de que querían ayudarlo.

 

Entonces Moishele, que no temía en absoluto a la policía, debido a las bendiciones que le daba el Baal Shem Tov, juntó a todos los ladrones y los organizó.

 

Eso sucedió al finalizar la fiesta de Shavuot, y el familiar del Zar estaba hospedado en algún hotel … ¿Cuántos hoteles puede haber en Meziboz …?

 

- Él sabía exactamente en qué cuarto estaba, y organizó todo para que la ventana ya estuviese abierta.

 

Moishele se subió con mucha alegría a una escalera– “quién subirá al Monte de Hashem” – y los demás ladrones estaban parados abajo. Él entró y el gentil estaba durmiendo, tomó el dinero y bajó la escalera.

 

Allí todos dijeron “Lejaim” (brindando “por la vida”) y comenzaron a bailar.

 

Mientras tanto, el noble ruso, el pariente del Zar, se despertó de su sueño, vio que el dinero no estaba, y llamó a la policía.

 

Pero Moishele no tenía miedo … ¡¿Qué es ‘tener miedo’?!

Él corrió a lo del Baal Shem Tov, y dijo: Señores míos, rápido, rápido, dónde está nuestro sagrado Rabino, ¡yo necesito su bendición!

 

Y él observó sus rostros … Todos estaban llorando …

 

Y les preguntó: ¿Qué sucedió? ¿Por qué lloran ustedes?

 

¿No escuchaste? Nuestro sagrado Rabino abandonó este mundo. El Baal Shem Tov murió en la festividad de Shavuot …

 

Oi, ¡que gran Tzadik era el Baal Shem Tov! ¡Qué corazón grande tenía! ¡Qué generosa era su alma!

 

Pero Moishele no sabía qué hacer, y entonces les dijo: ¿No hay aquí otro Tzadik que me pueda bendecir?

 

Y ellos contestaron: El sagrado Baal Shem Tov tenía muchos alumnos Tzadikim. Allí en el rincón está uno de ellos, el autor del libro “Toldot Yaacov Yosef”, uno de sus más grandes alumnos, él, de seguro, te podrá bendecir.

 

Moishele ya casi no tenía tiempo, se acercó a él y le dijo: Señor mío, yo soy un Jasid del sagrado Baal Shem Tov. Soy Moishele el ladrón, y cada vez que robaba, el Baal Shem Tov me bendecía para que la policía se olvide de todo el asunto.

 

El “Toldot Yaacov Yosef” era un Tzadik, pero no como el sagrado Baal Shem Tov … sólo hubo un sagrado Baal Shem Tov.

 

Se levantó de su asiento, y comenzó a gritar: ¿Te has vuelto loco? Tú eres un ladrón, ¿y osas venir a pedirme que te dé una bendición?

 

Se enojó tanto con Moishele, que éste se escapó del Beit Hamidrash (Casa de Estudios).

¿Adónde va a ir el pobrecito?, ¿adónde va a ir? No tiene a nadie en el mundo …

 

Moishele se escapó al cementerio a buscar la tumba del sagrado Baal Shem Tov, y allí cayó sobre su tumba …

 

Y entonces, Moishele comenzó a rezar: Mi sagrado Rabi, sagrado Baal Shem Tov. ¡Cuánto he llorado porque tú me has abandonado! Y no solo a mí, sino que ha abandonado a toda la ‘Casa de Israel’. Sagrado Rabi, tú debes saber … que todos quieren ser Rabinos de Tzadikim, pero tú Rabi, tú eras el Rabino de todo el pueblo de Israel …

 

Tú eras el Rabino de los ladrones, el Rabino de los malvados. Y entonces, mi sagrado Rabino, ¿qué voy a hacer yo ahora?

 

Yo veo que quedan Tzadikim que solamente se ocupan de Tzadikim, pero los ladrones como yo, ¿qué vamos a hacer?¿Qué vamos a hacer sin el sagrado Baal Shem Tov?

 

Y él lloró y lloró, hasta que de tantas lágrimas se quedó dormido.

 

*

En su sueño vio al sagrado Baal Shem Tov, que le dijo: Moishele, tu rezo atraviesa todos los cielos. Escuché que “detrás del telón” se comenta que, desde que se destruyó el Templo de Jerusalem, no hubo un rezo tan auténtico como el tuyo. La justicia está de tu parte. Todos quieren ser Rabinos de los Tzadikim, ¿y qué hay de los ladrones?

 

Pero debes saber, que antes de abandonar este mundo llamé a mi nieto – Rabi Efraim de Sadiklov – y decreté colocando mis dos manos sobre él, que él iba a ser el Rabino de todos los ladrones.

 

Moishele corrió rapidamente a lo de Rabi Efraim. Del cementerio a Zadiklov son solamente algunos kilómetros …

 

Sin embargo – continúa el Baal Shem Tov –  yo quiero que él sepa que tú verdaderamente hablaste conmigo, por lo cual debes saber que cada Shabat sagrado yo estudio con mi nieto la parashá (sección semanal de la Torá), tal como se estudia en el Gan Eden (Paraíso) superior, y sólo mi nieto y yo conocemos dichas enseñanzas.

 

Por lo tanto, yo te voy a enseñar la parashá de la semana pasada tal como se estudia en el cielo, y tú se la vas a decir a mi nieto – Rabi Efraim – y entonces él va a saber que de seguro fui yo quien te envié y podrás pedirle de mi parte que te bendiga.

 

Moishele se despertó de su sueño, corrió a Sadiklov,  y fue a ver a nuestro sagrado y alabado Rabino Rabi Efraim diciéndole: tengo un secreto para contarte en nombre del sagrado Baal Shem Tov. Y enseguida le transmitió la enseñanza de la parashá tal como la estudiaban en el Gan Eden superior.

 

Él Rabino colocó sus manos sobre la cabeza de Moishele, y le dijo: Moishele, yo te bendigo para que se olviden que tú eres un ladrón …

 

Y Moishele dejó de ser ladrón …

¡Cómo se puede escuchar una enseñanza del Gan Eden y seguir siendo ladrón …!

 

Eso no funciona …Y la verdad, tal como lo cuentan los Jasidim, es que Moishele continuó el camino del sagrado Baal Shem Tov y se transformó en uno de los grandes Tzadikim.

Su nombre verdadero – obviamente- que nosotros lo desconocemos …

 

Ustedes que me escuchan, queridos niños: sean como el sagrado Baal Shem Tov, tengan corazón también para los ladrones, también para los mentirosos, y también para toda persona con el corazón quebrantado.

El Borracho Sagrado

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

El Borracho Sagrado

 

Una vez el Baal Shem Tov llevó a uno de sus Jasidim, y ambos comenzaron a viajar por el bosque.

 

De pronto, vieron una tumba que no tenía lápida, que no había en ella ninguna inscripción.

 

El Baal Shem Tov tomó entonces una botella de vino, derramó un poco de vino sobre la tumba y dijo: Lejaim borracho sagrado. Lejaim borracho sagrado. Tú te lo mereces, tú verdaderamente mereces que digamos por ti un  ‘Lejaim’ …

 

Y luego contó el Baal Shem Tov: Hace muchos años, vivían en una ciudad dos Judíos muy ricos. Uno tenía un hijo y el otro una hija, y ellos decidieron casarlos. El nombre del joven era Shimón.

 

Dijo entonces el Baal Shem Tov: Sepan ustedes, que Shimón podría haber sido uno de los Tzadikim sobre los cuales se sostiene el mundo entero. Él ciertamente rezaba y estudiaba todo el tiempo …

 

Después del casamiento, los padres le pusieron un negocio para que obtenga su sustento de las ganancias.

 

*

Shimón le dijo a su esposa: Bendito sea Hashem, nosotros no necesitamos el dinero. ¿Tú quieres que tengamos el negocio? Está bien. Pero yo quiero dedicarme a estudiar Torá. Tú estarás en el negocio. Mas si no lo deseas, tú no tienes porqué estar allí, – y para mí también está bien. Yo no quiero tener un negocio. Yo sólo quiero rezar y estudiar Torá.

 

Lamentablemente, su esposa amaba el dinero. Todo el tiempo sólo hablaba de dinero. Ella le dijo a su esposo: si tú vinieras a nuestro negocio, podríamos ganar más dinero aún. Él le contestó entonces: ¿Para qué quieres más dinero? Tenemos suficiente. Pero ella solamente pensaba en el dinero.

 

Una vez, vino un hombre que le debía mucho dinero y le dijo a la mujer: yo quiero pagar el dinero solamente a tu esposo.

 

Ella fue a su casa y le dijo a Shimón: Debes venir al negocio. Y ustedes saben como trabaja el impulso hacia el mal – al principio es sólo por una vez, y luego otra vez más, hoy te dice una cosa, y mañana repite la misma cosa … y así sucesivamente …

Al final, lo que sucedió fue que Shimón dejó hasta de rezar. Obviamente que rezaba, pero ese no era su rezo normal. Dejó de estudiar y se transformó en un verdadero hombre de negocios. Se metió totalmente en el mundo del dinero …

 

Uno de aquellos días, le dijo su esposa: tú sabes que nosotros adquirimos mercadería de un hombre que la compra en la ciudad de San Petersburgo. Si tu viajaras a San Petersburgo personalmente, podríamos ganar mucho más dinero aún.

 

Y él le dijo: tú sabes que un Judío tiene prohibido estar en San Petersburgo. D-s no lo permita, tú sabes que si ven a un Judío en San Petersburgo, como está escrito en el rollo de Esther, “su veredicto de muerte está sellado”. No hay aquí  “vivezas”.

 

Le dijo entonces su esposa: ¿Qué te importa aparentar ser un gentil por algunos días? Por un poco de dinero …

 

Gracias a Hashem, Shimón ya se había transformado en un hombre de negocios, y su esposa le compró ropas como las que llevaban los hijos de Amán. Y entonces  él viajó a San Petersburgo, directamente a un hotel.

 

El gentil con quien hizo negocios, era un hombre multimillonario. Él le dijo entonces: ¡qué honor para mi que tu hayas venido! (él, obviamente, sabía que era Judío). Tú eres mi mejor comprador. Y en tu honor invite a todas las personalidades importantes de San Petersburgo a que vengan por la noche a cenar a mi casa.

 

Durante la comida, el Judío tenía que comer cerdo, pero – como al peligrar la vida se pueden transgredir todos los preceptos, y si hubiera dicho que no podía comer cerdo enseguida hubieran sospechado que él era Judío y lo hubieran matado – entonces comió. “Peligro de vida” … todo fue hecho en forma “pura y sagrada” de acuerdo a como la ley judía lo ordena …

 

Él comió y comió … pobrecito. Después de la comida, el dueño de casa le dijo: en tu honor preparé una gran sorpresa. Bailaremos … y tú sabes, tengo una hija muy bella, y ella está muy interesada en ti, y está dispuesta a bailar contigo …

 

Pobrecito. Shimón podría haber sido el justo más notable de su generación, pero él comenzó a bailar con la hija de …

 

De pronto, ella se escapó.

 

Su padre le gritó: ¿cómo tú avergüenzas al mejor comprador que tengo? ¡Es una cuestión de millones!

 

Ella le dijo entonces: debes saber que cuando bailamos,ví sus “Tzitziot” (plural de Tzitzit). Él es un Judío …

 

El dueño de casa se encerró en un cuarto con él y le dijo: a pesar de que tú eres mi mejor comprador, no tengo ninguna otra opción: tenemos que matarte de inmediato, a no ser que estés dispuesto a ser uno de nosotros y renunciar al D-s de Israel.

 

Y él pensó entonces: en verdad, ¿qué honor va a tener el Soberano del Mundo si me matan? Ningún honor. Mejor es que me convierta al cristianismo.

 

Obviamente, todo de acuerdo a las leyes judías escritas en el Shuljan Aruj. Todo de acuerdo a la Torá …

 

Como es sabido, el impulso hacia el mal no se desvía de la Torá ni siquiera un milímetro.

 

Y como dijo el Rabi de Kotzk: Esav (el hermano de Yaacov), no se desvió de la Torá ni siquiera un palmo.

 

Después que él decidió tomar sobre sí la nueva religión, se acercó a él el dueño de casa con una “buena noticia”: debes saber que mi hija te quiere, y está dispuesta a casarse contigo. Si tú ya eres un gentil, que al menos salga algo positivo de todo ello …

 

De alguna manera, él decidió también casarse con ella. Todo sea por la paz …y así tuvo con ella cinco hijos, viviendo como un gentil durante el transcurso de diez años.

 

Un día miró el almanaque – y ustedes saben que a veces también en los calendarios de los gentiles aparecen las festividades principales del pueblo de Israel – y vio que era el día de Iom Kipúr.

 

Comenzó a reflexionar sobre su conducta. ¿Dónde estaba hace diez años y dónde está ahora? Entonces rompió en llanto desde lo profundo de su corazón. En verdad no sabía lo qué hacer …

 

Su “suegro” gentil era un multimillonario. Tenía tierras y viñedos, y había un borracho que le cuidaba todo. El borracho estaba feliz todo el tiempo. Lleno de alegría. El Judío se dijo entonces a si mismo. Yo voy a visitar al borracho y él seguramente me va a alegrar.

 

Viajó a lo del borracho y lo encontró llorando desde lo profundo de su corazón.

 

Shimón le dijo entonces: borracho, ¿qué te sucede? Yo vine para que me alegres, y te encuentro llorando. ¿Por qué lloras?

 

El borracho le contestó: júrame que no le vas a revelar a nadie lo que te voy a decir, y yo te contaré la verdad sobre el motivo de mi llanto …

 

Él Judío le juró, y entonces el borracho dijo: debes saber que yo soy Judío, y hoy es el día de Iom Kipúr. Debes saber que los Judíos se presentan en el día de Iom Kipúr ante D-s cual si fuesen ángeles. Pero yo, ¿cómo me voy a presentar ante Él? …

 

Y Shimón también comenzó a llorar …

 

Y el borracho le preguntó a Shimón: ¿Y tú por qué lloras?

 

Shimón le contestó: si me juras que no lo vas a revelar a nadie, te voy a contar la verdad …

 

Y también él le contó su verdad – “y juntos Bendito dirán” – le relató toda su historia.

 

Y el borracho le dijo: Escucha Shimón, tú debes hacer “teshuvá” (arrepentirte y retornar al camino de Hashem). Si me juras que no le vas a contar a nadie que yo te dije lo que debías de hacer, yo te diré una vez más lo que deberás de hacer.

 

Y él le dijo: retorna a tu casa (a San Petersburgo) y dile a tu suegro que recibiste una carta de Amsterdam por un negocio que da ganancias de millones, y enseguida vete y  desaparece de su vista.

 

Regresa a tu casa original y dile a tu mujer que esta vez ya no vas a entrar más al negocio. Quédate toda la semana en el Beit HaMidrash, estudia y reza, y sólo en Shabat regresa a tu casa.

 

Shimón retornó a su casa primera casa, le contó a su esposa algunas de las cosas que le habían pasado, y fijó su residencia en el Beit Hakneset. Luego le dijo a su esposa: el viernes después del mediodía, envíame los caballos con la carroza pues yo iré a la Mikve. En Shabat voy a estar en mi casa, y después del Shabat retornaré otra vez al Beit Hakneset.

 

Mientras tanto, su mujer gentil que en verdad lo amaba, lloraba todo el tiempo. Un día miró el almanaque y notó que hacía justo un año que su marido la había abandonado. Ella estaba tan quebrantada que se dijo a sí misma: debo ir con el borracho para que me alegre.

 

Viajó al campo, a lo del borracho, y lo vio llorando desde lo profundo de su corazón. Le preguntó al borracho: ¿Qué sucede contigo? ¿Todo el tiempo estás contento, y un día que yo necesito que me alegres, te encuentro llorando?

El borracho le contestó: Si me juras que no le vas a contar a nadie, te voy a decir la verdad. Y él le dijo entonces: debes saber que yo soy Judío, y hoy es el día de Iom Kipúr, y los Judíos se presentan ante el Santo Bendito Sea como si fueran ángeles. ¿Y cómo me presento yo ante el Santo Bendito Sea?

 

Y ella le dijo: Yo entiendo por qué lloras. Pero mira cómo yo lloro, ¡no tengo esposo!

 

Y él le dijo: si me juras que harás todo lo que te digo, entonces te diré cómo retornar con tu esposo. Y continuó diciéndole: Júrame que estás dispuesta a convertirte al Judaísmo. Ustedes ya tienen cinco hijos.

 

Él le dijo a ella exactamente dónde vivía Shimón, para que vaya hasta allá, hable con él y se convierta.

 

Y ella le dijo a su padre: Papá, yo de verdad necesito encontrar a mi esposo.

 

Viajó entonces a la ciudad dónde vivía Shimón, llegó al hotel y le preguntó al dueño del hotel: ¿acaso tú sabes algo sobre un Judío llamado Shimón?

 

Él respondió: tú no lo puedes ver. Retornó hace un año, y está sentado estudiando todo el día. No habla con ninguna persona. Solamente el día viernes sale para ir a la Mikve (baño ritual), y eso es todo.

 

Ella le dijo entonces: hazme un favor, guíame, dime adónde está exactamente la Mikve, y yo lo voy a esperar allí …

 

El día viernes, la mujer gentil con sus cinco hijos se pararon al costado de la Mikve y lo esperaron.

 

Cuando llegó Shimón él le dijo a ella: hazme un favor, no le digas nada a nadie, solamente ven conmigo a mi casa para Shabat. Él la llevó en su carroza a su casa con sus cinco hijos, para pasar allí el Shabat.

 

Después de finalizado el Shabat, tomó Shimón a su esposa judía y a su segunda ‘esposa’, la gentil, y les dijo: vamos a ir a lo del Rabino, yo tengo que hablar con ustedes dos.

 

Él llevó a sus dos mujeres y confesó ante el Rabino todo lo que guardaba en su corazón. Absolutamente todo lo que le había sucedido.

 

Le dijo entonces al Rabino: debe usted saber, que por culpa de mi primera esposa, caí en “lugares” muy bajos. Ella todo el tiempo deseaba tener más dinero. Pero en cambio mi segunda esposa, a pesar de que ella es gentil, tiene un alma muy elevada, y sólo quiere que yo pueda corregir la mía.

 

Y luego le pidió encarecidamente al Rabino: Yo quiero que usted me diga la verdad, ¿con cual de ellas me tengo que quedar?

 

El Rabino decretó entonces, que le dé el divorcio a su primera esposa por causa de la cual cayó donde cayó, y que su segunda esposa se convierta con sus hijos (para después casarse con ella).

 

Mientras tanto, el padre extrañaba enormemente a su hija.

 

Un día observó el almanaque y vio que hacía exactamente un año que ella lo había abandonado. Él comenzó a llorar … y se dijo a sí mismo: no tengo otra opción que ir a ver al borracho.

 

Fue a lo del borracho y lo encontró llorando. Le dijo entonces: ¡vine para que me alegres y te encuentro llorando!

 

Le contestó el borracho: si me juras que no le vas a contar a nadie te voy a revelar la verdad.

 

- Debes saber que yo soy Judío, y hoy es el día de Iom Kipúr, y los Judíos se presentan ante el Santo Bendito Sea como si fueran ángeles. ¿Y cómo me presento yo ante el Santo Bendito Sea?

 

Y el dueño de la hacienda le dijo: Yo entiendo porqué lloras. ¡Pero yo lloro porque perdí a mi hija!

 

Le dijo el borracho entonces: yo te puedo dar un consejo para que encuentres a tu hija. Sólo júrame que no le vas a revelar a ninguna persona que fui el yo que te lo dijo.

 

Y respondió el dueño de la hacienda: yo estoy dispuesto a hacer lo que sea.

Le dijo el borracho: júrame que tú y tu mujer están dispuestos a convertirse al Judaísmo. Y luego le reveló dónde se encontraba Shimón.

 

Después de ello, vendió el dueño de la hacienda todos sus campos y sus viñedos.

 

El  borracho le dijo entonces: ¿qué voy a hacer yo aquí si usted ya no está?

Me voy a ir con usted.

 

En el camino murió el borracho, y ésta es su tumba.

 

Dijo entonces el sagrado Baal Shem Tov: Este sagrado borracho, que corrigió tantas almas, ¿acaso no merece que hagamos por él un ‘Lejaim’?

El Rezo de Minjá en Karlin

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

El Rezo de Minjá en Karlin

 

Todos sabemos que en Karlin rezan con toda el alma.

 

Escuché que el Rabi de Kotzk dijo, que cuando venga el Mashiaj los Jazanim (cantores litúrgicos) y los Shlijei Tzibur (enviados para dirigir los rezos para toda la congregación), van a ser solamente Jasidim de Karlin.

 

Ellos saben cómo rezar, verdaderamente con todo el corazón, con toda el alma. A gritos. “Con voces de abundantes aguas”. Con muchas lágrimas.

 

En Karlin rezan Minjá muy tarde.

 

Yo escuché también que uno de los Tzadikim dijo, que el Rabi de Karlin dijo, que cuando él llegue al cielo después de ciento veinte años y le pregunten por qué demoró el rezo de Minjá, él va a contestar: Soberano del mundo, ¿y Tú acaso no demoras?! Tú estás demorando la llegada del Mashiaj …

 

Una vez, hace casi doscientos años, nuestro sagrado Rabino, Rabi Aharón de Karlin le dijo a sus Jasidim: Hoy rezaremos Minjá en una aldea solitaria, muy lejos de aquí. Señores míos, encárguense de que los caballos y la carroza estén listos.

 

Obviamente, los “mitnagdim” (opositores al Jasidismo) habían rezado Minjá hacía ya dos horas. Pero para Rabi Aharón de Karlin todavía había tiempo …

 

Todos estaban sentados en la carroza. Seguro que la carroza sólo alcanzaba para llevar a diez personas, pero evidentemente habían subido a ella unos doscientos …

 

Y como ustedes y yo sabemos, viajaron y viajaron.

 

Guevald. Ustedes saben qué es viajar con Rabi Aharón … por la noche … el cielo deja de ser el mismo cielo. No son las mismas nubes. No son las mismas casas. De pronto, el cielo está acá en la Tierra. Hashem está acá. Y todo es bueno. Y todo es hermoso …

 

Viajamos, viajamos y viajamos. Ya era casi medianoche. Incluso los Jasidim de Karlin ya tenían un poco de miedo, ¿qué va a pasar con el rezo de Minjá?

Y el Rabi decía: en unos momentos más, en unos momentos más …

 

Finalmente llegaron a una aldea solitaria, y el Rabi les dijo: en la última casa hay un parador para viajeros. Allí rezaremos.

 

Llegaron al parador y un Judío muy anciano salió a su encuentro.

 

El parador era una pequeña fonda, pues esa era una de las pocas ocupaciones que a los Judíos les estaba permitido ejercer. Allí tomaban té y un poco de aguardiente.

 

El Judío salió y les dijo: Ah, señores míos, es una alegría poder verlos. Yo soy el único Judío de la aldea.

 

Ellos lo observaban. Era difícil saber si tenía cien o ciento cincuenta años …

 

 

Le dijo aquel señor al Rabi Aharón Karliner: mi sagrado Rabi, ¿qué puedo hacer por ustedes?

 

Él le contestó: Sólo una cosa. Danos permiso para rezar Minjá …

 

Esto sucedió en el verano. Las ventanas estaban abiertas. Y obviamente, cada uno de los Jasidim comprendió, que si el Rabi llegó especialmente a aquel lugar para rezar Minjá, ¿quién sabe lo que estará corrigiendo a través de eso? ¿Quién sabe cuántas miles de almas estará corrigiendo en ese lugar?

 

Rezaron en voz alta. Era como Iom Kipúr y Simjat Torá juntos. Quizás también un poco parecido a Tishá Beav …

 

Y como las ventanas estaban abiertas, todos los campesinos, nuestros hermanos no Judíos, al escuchar los gritos creyeron con seguridad que allí estaba ocurriendo un incendio.

 

En Rusia, cuando se grita en medio de la noche, es señal de que hay un incendio.

 

Todos vinieron con un poco de agua. Y cuando llegaron a allí, vieron que verdaderamente había un incendio, pero no un incendio simple, no un incendio que destruye el mundo, sino un incendio con fuego que construye al mundo entero …

 

“No los llames mis hijos sino mis constructores …”

 

Así solía decir nuestro Rabino, el “Beit Yaacov” de Yizbetzia: Cuando nos paramos en el monte Sinai, ninguna de las naciones del mundo vino. Cuando llegue el Mashiaj a Ierushalaim, todos van a venir.

 

Si yo estudio Torá y alguien está parado al lado mío y no entiende lo que yo estudio, entonces se considera que esa persona no estudió. En cambio, si yo rezo con todo el corazón – inclusive si es un no Judío-, él tiene que unirse y rezar junto a mí.

 

Si un Judío reza – puede transformar a todo el mundo en personas que rezan.

 

Sólo cierren los ojos y vean a los Jasidim de Karlin rezando y a todos los gentiles rezando junto a ellos. Es como después de la venida del Mashiaj.

 

“Y los traeré a mi montaña sagrada, y los alegraré en Mi casa de oración, sus oblaciones y sacrificios serán aceptados sobre mi altar, pues mi casa será llamada una Casa de oración para todas las naciones”.

 

El rezo era como después de la llegada del Mashiaj. Cuando todas las naciones del mundo, cuando el mundo entero llegue a Ierushalaim, al tercer Beit Hamikdash, a rezar y volcar sus palabras ante el Kadosh Baruj Hu.

 

Y obviamente, si nosotros rezamos junto a todas las naciones del mundo, ellos no nos pueden odiar. Ellos nos van a respetar.

 

Después de la Tefilá (rezo), se acercaron todos los gentiles al Rabi y le pidieron una bendición. Todos reconocían “al que eligió al pueblo de Israel con amor”.

 

El Rabi los bendijo a todos, y ellos trajeron todo lo que tenían, manzanas y toda clase de frutas, en honor al Rabi y en honor a los Jasidim.

 

Y entonces, en medio de la noche, les dijo el Rabi: es tiempo de regresar a casa.

 

El Rabi, ya sentado en la carroza, se dirigió al Judío anciano y le dijo:

Y … y … y ¿qué estás esperando? ¡Dímelo de una vez!

 

El anciano se acercó al sagrado Rabi …

 

… Existe un aparato de video terrenal y existe también un aparato de video celestial. Podemos ver lo que sucedió allí hasta el día de hoy …

 

- Mi sagrado Rabi. Debe usted saber que hoy es mi cumpleaños. Yo tengo ciento siete años. Justo al cumplir los siete años, estuvo aquí el sagrado Baal Shem Tov en persona. Él vino a aquí con cientos de Jasidim. Y era un día como el de hoy, llegaron en medio de la noche y el Baal Shem Tov dijo: vine aquí a rezar Minjá.

 

Las ventanas estaban abiertas. Toda la aldea llegó. Toda la aldea. Y era como después de la llegada del Mashiaj:  el mundo entero estaba rezando delante del Kadosh Baruj Hu.

 

Y después, cuando el Baal Shem Tov ya estaba sentado en la carroza, me llamó y me dijo: niño lindo, tengo algo muy importante que decirte, y no lo olvides.

 

Y así me dijo: Debes saber que, exactamente en cien años, va a venir acá un Tzadik, y tú le dirás que yo ya estuve aquí …

 

Por una parte nosotros seguimos el rastro de aquellos que nos antecedieron. Pero por otra, marchamos delante de ellos …

 

En cada generación y generación abrimos nuevas puertas. Cada generación tiene algo que nunca existió en el mundo hasta ahora.

 

Obviamente, que ustedes y yo no vamos a ser como nuestro patriarca Abraham. Pero, tenemos algo especial …

 

Nosotros vivimos ahora. Nosotros estamos en la generación del Mashiaj. Ojalá tengamos el privilegio de que ustedes y yo – y todos nosotros – logremos traerlo, reparando al mundo entero con el Reinado de Hashem.

 

*

El Socio del Kadosh Baruj Hu

 

¿Ustedes saben qué es un Judío auténtico? Un Judío auténtico es una persona que piensa en el pueblo de Israel todo el día y toda la noche. Un Judío que piensa en sus hijos y en los hijos de todo el pueblo de Israel. En cada momento, a cada instante y a toda hora.

 

Una vez escuchó el Rabi de Afta – ¡quién no oyó hablar del “Ohev Israel” (amante de Israel) – grande es su nombre –! que había un Judío, dueño de un parador, (en el cual expendían bebidas y comida a los viajeros), y todas las bendiciones que él daba inmediatamente se cumplían.

 

Esto no era algo simple, probablemente se trataba de un “Tzadik nistar” ( justo oculto), o algo así …

 

Todos los justos decían: ¿Qué es un Tzadik de verdad? Una persona justa no es una persona que está contenta por servir a Hashem. Un justo de verdad es aquél que está contento cuando escucha que hay otro Judío que está sirviendo a Hashem.

 

Es por ello, que cuando el Rabino de Afta se enteraba que había un Tzadik en otro lugar al cual él aún no conocía, su corazón se llenaba de alegría.

 

Decidió entonces el Rabi de Afta viajar de visita a dicho lugar, para así conocer a aquel Judío y saber verdaderamente quién era.

 

Obviamente que ese Judío –llamémosle Rav Yankele – se veía como una persona común y corriente, como un hombre simple, dueño de un parador.

 

El Rabino le dijo entonces al Judío, que quería permanecer allí durante algunos días, pues tenía diversos asuntos que atender en la zona.

 

El Judío le dio un buen cuarto, y el Rabino comenzó a observar y reflexionar acerca de la conducta de aquel Judío.

 

En primer lugar notó una cosa: que él verdaderamente no sabía cómo rezar.

 

Pensó el Rabi, quizás quiere mantenerse “oculto” …

 

Sin embargo, vio que en cada palabra que salía de su boca había un error.

 

Y … ¿qué se puede hacer? … Pensó también que quizás permanecía despierto toda la noche y leía los Salmos, pero tampoco …; dormía absolutamente toda la noche.

 

Su rezo de “Birkat Hamazón” (agradecimiento por la comida cuando se come pan) era muy “débil”.

 

Él sólo decía algunas palabras. Aparentemente ni siquiera conocía bien el “Birkat Hamazón”.

 

Pero, Guevald, cuando él se sentaba a comer, verdaderamente comía …

 

Otra cosa más vió el Rabi de Afta, y es que cuando les servía a las personas borrachas, lo hacía con todo su corazón; les daba vino, whisky y toda clase de bebidas, y realmente se concentraba en lo que hacía, tal como los sabios y genios se concentran cuando estudian al Ramba”m …

 

El Rabi no comprendía lo que pasaba: o que el hombre escondía su verdadera identidad, o que en verdad él realmente no entendía …

 

Sin embargo notó una cosa, cada día y en cada noche, amén de las personas que venían a comprar vino o whisky, llegaban Judíos y gentiles y le pedían una bendición.

 

Él estaba sirviendo vino a una persona, y en medio de ello entraba una mujer y le decía: Rev Yankele, yo no tengo hijos.

 

Él le contestaba: no te preocupes, vas a tener hijos, vas a tenerlos. Otra persona entraba y le decía: Rev Yankele, no tengo plata para pagar el alquiler.

 

Y él, sin dejar de trabajar, le respondía: vas a tener.

 

Y todo lo que él decía se cumplía …

 

Al cabo de algunos días, el Rabi de Afta se dio cuenta que no tenía otra opción, sino la de preguntarle … y  es aquí dónde comienza nuestra historia …

 

El sagrado Rabi de Afta le dijo a Rev Yankele: Dime la verdad.

 

Escucha, yo soy el Rabi de Afta y decreto que me digas por qué todas tus bendiciones se cumplen de inmediato.

 

Y dijo Rev Yankele: usted debe saber, mi sagrado Rabino, que jamás le conté mi historia a nadie, a ningún ser humano, en realidad es un secreto entre yo y el Kadosh Baruj Hu; pero debido a que usted es el Tzadik de la generación y usted así lo ha decretado, yo tengo la obligación de contarle.

 

Debe saber que hace algunos años yo era una persona sumamente pobre y necesitada, no tenía qué comer, no tenía para pagar el alquiler.

 

Una vez me dijo mi esposa: Tú debes buscarte un socio, un socio que invierta un poco de dinero en el parador, que lo arregle bonito … y entonces vendrá gente de dinero, y no como ahora que vienen sólo los simples y pobres que ni siquiera te pagan.

 

Y así me encaminé a la ciudad para buscar un inversor, un socio. Y entonces tuve que atravesar el bosque.

 

Mi sagrado Rabi, era un bosque muy grande, con muchos árboles, muchas flores, muchas nubes (como dice Rabi Najman de Breslav: si tú buscas al Kadosh Baruj Hu, vete al bosque; allí lo vas a encontrar, entre los pastos y los árboles).

 

Mientras caminaba y caminaba iba reflexionando – ¿dónde voy a encontrar un socio para mí?

 

De pronto comprendí – ¿acaso yo necesito un socio de carne y hueso? ¿Una persona que hoy vive y mañana quién sabe? ¿Que hoy tiene plata y mañana quizás quiebre? … ¡Yo quiero un socio de verdad! …

 

Me detuve, comencé a rezar y dije entonces: Soberano del mundo, yo soy Yaacov, yo te ruego, sé que no merezco nada, que no tengo ningún mérito, pero te ruego que seas mi socio. Yo te prometo que voy a trabajar veinticuatro horas, la mitad para mí y la mitad para Ti. La mitad para mi y la mitad para los pobres …

 

Sepa usted sagrado Rabino, que yo cómo mucho para así poder tener fuerzas, también duermo mucho porque trabajo todo el tiempo para mi socio …

 

Cuando el Rabi de Afta contaba esta historia nos solía decir: la Guemará afirma que lo que hace un socio hecho está. Pero, ¿qué socio se puede parecer al socio del Kadosh Baruj Hu?

 

Y entonces, señores míos, sepan que este cuento desciende y penetra hasta la más honda de las profundidades. 

 

A veces no sabemos cómo educar a nuestros hijos, a veces no sabemos cómo hacer un negocio.

 

Cada día, yo los bendigo a ustedes, a mí y a todo el pueblo de Israel, y que ojalá todo el pueblo de Israel sepa, que nosotros no necesitamos de ningún otro socio, no de Estados Unidos, no de Rusia  ni ningún otro socio, sólo Aquél que dijo y se hizo el mundo, Bendito Él y Bendito sea Su Nombre, sólo a Él lo necesitamos.

Rabi Levi Itzjak de Berditchev

 

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Rabi Levi Itzjak de Berditchev

 

Nuestro sagrado Rabino de Radzin dijo: Si solamente decimos las palabras “nuestro Rabino Levi Itzjak de Berditchev” ya se abren todos los portales del cielo.

 

Si solamente decimos la palabra Berditchev – ya se abren todas las puertas del cielo …

 

¿Qué hace un Judío cuando está en problemas?

 

Cuando el Judío está sufriendo o está en problemas dice: D-s de Rabi Levi Itzjak ben Sara Sasha contéstame … D-s de Rabi Levi Itzjak de Berditchev contéstame …

 

Está probado y comprobado que eso funciona. Estas palabras abren todas las puertas.

 

Yo escuché hace algunas semanas el relato de un Judío, de un ciudadano israelí, que fue a los Estados Unidos y el avión se demoró, y ya faltaban dos horas para Shabat. Había algo en su visa que no estaba en orden.

 

Él estaba allí sentado en el aeropuerto, y le dijeron: Escuche, nosotros no podemos dejarle entrar sin visa. Debemos enviarlo de regreso a Israel.

 

Y entonces, dos horas antes de Shabat … ¿qué va a hacer él allí todo el Shabat? No tenía absolutamente nada para hacer el Shabat …

 

Simplemente se paró en un rincón y se puso a llorar intensamente: D-s de Rabi Levi Itzjak ben Sara Sasha de Berditchev, contéstame …

 

Luego de algunos minutos, el cuarto se llenó de otras personas cuyas visas tampoco estaban en orden.

 

El cuarto estaba repleto. Bendito sea D-s, al menos iba a tener un Shabat grande …

 

Todos sabemos que Rabi Levi Itzjak de Berditchev era en verdad uno de los grandes Tzadikim (Tzadik en plural), que vino después del sagrado Baal Shem Tov y de su alumno el Maguid de Mezeritch.

 

El mismo día que él nació, el Baal Shem Tov hizo un gran banquete y dijo: El día de hoy llegó un alma sagrada a este mundo, y él va a ser el defensor del pueblo de Israel hasta que venga el Mashiaj.

 

Si alguien venía con Rabi Levi Itzjak de Berditchev y le decía que un Judío robó, él decía: ¿Un Judío ladrón? Un Judío no roba. Quizás el tomó por error, quizás tomó prestado …

 

No hay Judío ladrón.

 

Eso no lo decía desde una postura tonta o inocente, sino desde una profunda y elevada sabiduría, más profunda aún que el mar.

 

Y esto porque él conocía la santidad del pueblo de Israel, la santidad del Judío más simple y del Judío más bajo.

 

Nuestro sagrado Rabino de Rozin contaba esta historia en cada Rosh Hashaná:

 

Seguro que  ustedes recuerdan los rezos de Rosh Hashaná:

 

 

Al D-s que realiza el juicio.

Que revisa los corazones en el día del juicio.

Que compra a sus servidores en el juicio.

Que siente compasión por su pueblo en el día del juicio.

 

Todos sabemos que en Rosh Hashaná pesan todas las mitzvót (acciones meritorias) y todas las transgresiones del pueblo de Israel.

 

Una vez vio Rabi Levi Itzjak de Berditchev en el cielo que la situación era realmente Guevald, Guevald, que en verdad no había salida ni salvación, pues las transgresiones llegaban hasta el corazón del cielo, mientras que las mitzvót …

 

Él observaba la balanza y – D-s no lo permita – parecía no haber ya esperanza para el pueblo de Israel … Que D-s no lo permita …

 

El Rabi de Rozin dijo que todos los Tzadikim vieron lo que sucedía y no sabían qué hacer …

 

De pronto, se armó un gran tumulto en el cielo: ¿Quién robó las transgresiones del pueblo de Israel?

 

De repente, las transgresiones desaparecieron como si nunca hubieran existido.

 

Salió una voz del cielo y preguntó: ¿Quién osó robarse las transgresiones del pueblo de Israel?

 

Y luego salió otra voz y dijo: Rabi Levi Itzjak ben Sara Sasha de Berditchev se robó todas las transgresiones del pueblo de Israel.

 

¿Ustedes se dan cuenta cómo las robó?

Para él sencillamente no existían …

 

Entonces lo trajeron ante el tribunal celestial y le dijeron: Levi Itzjak ben Sara Sasha de Berditchev, ¿acaso no está escrito en la Torá que el que roba debe de pagar? ¿Tú puedes pagar por todas las transgresiones que robaste?

 

Y él les respondió: No puedo. Soy sólo un ser de carne y hueso, yo no puedo pagar.

 

Del cielo le replicaron: Levi Itzjak ben Sara Sasha, tú sabes que está escrito en la Torá: “si no tiene, que se venda la persona a sí misma para pagar por lo que ha robado”.

 

Entonces salió otra voz del cielo y preguntó: ¿Quién quiere comprar a Levi Itzjak de Berditchev como esclavo? …

 

Y otra vez una nueva voz salió del cielo: El Kadosh Baruj Hu, aquél que dijo y se hizo el mundo, aquél que elige los cantos y las melodías, aquél que eligió al pueblo de Israel, Él decidió comprar a Levi Itzjak ben Sara Sasha como esclavo para toda la eternidad …

 

Y entonces dijo el Rabi de Rozin:

¿Ustedes comprenden? –

 

El que compra a sus servidores en el juicio …

 

Rabi Levi Itzjak de Berditchev y todos los Tzadikim robaron todas las transgresiones del pueblo de Israel, y después los quisieron vender  a ellos como esclavos y el Kadosh Baruj Hu los compró …

Por ellos, por los patriarcas y por los Tzadikim.

 

Él siente compasión por su pueblo en el Día del Juicio …

El Pasaporte de Munkatch

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

El Pasaporte de Munkatch

 

Un Judío común y corriente llegó ante nuestro sagrado Rabino de Berditchev, Rabi Levi Itzjak, y le dijo: Santo Rabino, yo necesito viajar de Berditchev a Lublin y eso requiere de un pasaporte, pero yo no quiero recurrir a la policía.

 

Como es sabido, cuando un Judío acude a la policía no le va bien, incluso si no hizo nada …

 

Para un Judío es mejor que la policía no sepa nada de él.

 

Y entonces le dijo Rabi Levi Itzjak de Berditchev: Judío dulce y agradable, no hay problema, yo te voy a dar un pasaporte.

 

Entró a su cuarto y salió de él con una hoja totalmente lisa, y le dijo: éste es tu pasaporte.

 

Señores míos, una persona tiene que ser verdaderamente un gran Jasid para intentar cruzar la frontera entre Rusia y Polonia sacando un papel en blanco y diciendo que ése es su pasaporte. Pero aparentemente, ese Judío creía con plena fe en su sagrado Rabino …

 

En el cruce de la frontera, el Judío sacó su pasaporte.

 

El oficial que estaba de guardia no sabía que hacer consigo mismo. Se dirigió a él muy respetuosamente y le dijo: Nunca me topé con una persona tan importante como usted. Permítame que le ofrezca una carroza con ocho caballos para que así pueda llegar más rápidamente a Lublin.

 

En resúmen, en cada lugar al que llegaba, mostraba su pasaporte y le brindaban honores cual si fuera un rey …

 

En una de mis visitas a Viena recé en la sinagoga. Allí hay muchos Jasidim de Munkatch, y después de la Tefilá se me acercó un Judío y me dijo: tengo un cuento que solamente yo conozco. Seguro que tú sabes el cuento del pasaporte de Rabi Levi Itzjak de Berditchev, pero tal vez no escuchaste el cuento del pasaporte del Rabi de Munkatch; ¿acaso escuchaste la historia del pasaporte del Rabi de Munkatch, el pasaporte de Munkatch? Sólo yo conozco esa historia …

 

Y así fue como me la contó: Tenía yo un tío, un apasionado Jasid de Munkatch, un Judío con una larga barba, con peot, que se veía como Judío, vivía como Judío, un verdadero Judío de corazón y de alma.

 

En el año 1935 tenía que viajar a Alemania por negocios. Si ustedes recuerdan aquella época en Alemania, quién mataba a un Judío lo mataba en nombre de toda Alemania. Era un peligro de vida tremendo encontrarse allí.

 

Él tenía un pasaporte, pero con ese pasaporte quién sabe si retornaría.

 

Fue a visitar a su venerado Rabino, el Rabi de Munkatch, y al verlo le dijo: mi santo Rabino, yo le ruego, tengo mujer e hijos, debo regresar. Déme por favor un pasaporte, un pasaporte de Munkatch, un “Munkatcher Passport”, para que tenga el privilegio de retornar en paz.

 

El Rabi de Munkatch pensó durante largo rato y luego le dijo:

¿De dónde sabes tú que yo te puedo dar un pasaporte así? Yo soy un Judío simple.

 

Sin embargo, el Jasid insistió: Mi sagrado Rabino, yo confío en usted con entera fe. Sé que usted es el justo de la generación, y usted puede abrir todos los pórticos del cielo. Yo le ruego, tenga compasión de mis hijos.

 

El Rabi le dijo entonces: escucha, esto no es nada fácil, nada fácil. Un pasaporte así se puede dar una sola vez en la vida. Por eso tú debes jurarme, que todo el tiempo que yo permanezca con vida, no le vas a contar esto a nadie.

 

Mi tío le dio la mano y el Rabi se fue a su cuarto. Después de un largo rato, retornó con un pedazo de papel empapado en sus lágrimas.

 

Comprendan señores míos, que trasladarse de Berditchev a Lublin hace doscientos años era una hazaña, pero de Munkatch a Berlín en el año 1935 … para eso hacían falta muchas lágrimas y muchísimos rezos.

 

Mi tío llegó a la frontera con Alemania y sacó su pasaporte. El alemán se cuadró ante él, en toda su estatura, y entonces le dijo: un hombre tan importante como usted nunca ha venido aún a Alemania. Permítame que le dé una carta para que la policía lo proteja.

 

Mi tío estuvo en Alemania una semana, y ellos se ocuparon de todo. Le pagaron el hotel … como si fuese el Kaiser de Alemania en persona.

 

Él volvió y jamás contó su historia a nadie.

En el año 1936, nuestro santo Rabino de Munkatch, sagrado y terrible es su nombre, pasó al Mundo Venidero.

 

El Rabi de Munkatch dijo: yo veo que una gran oscuridad viene al mundo y no quiero estar para ver esa oscuridad.

 

Entonces no lo entendieron, hoy en día nosotros sí lo entendemos …

 

En el año 1939, algunos días antes del comienzo de la segunda guerra mundial, mi tío estaba muy enfermo.

 

El dijo entonces: debo visitar a toda mi familia. Yo era un niño, y me encontraba en ese tiempo con ellos.

 

Mi tío sabía que sus días estaban contados y entonces nos dijo: Sepan que hay un sagrado pasaporte del santo entre santos, nuestro sagrado Rabino de Munkatch … y así fue cómo nos contó toda esta historia.

 

Al final concluyó: es mi última voluntad, que coloquen en mi mano derecha el pasaporte que me entregó el Rabi de Munkatch. Si el pasaporte del Rabi me abrió las puertas en este mundo, quién sabe qué portales va a abrirme el pasaporte del Rabi cuando llegue al Mundo Venidero …

 

Yo pienso todo el tiempo en el pasaporte de Munkatch.

 

A veces veo a una pareja que carece de armonía familiar, ellos se aman mutuamente, pero hay algo … hay un muro entre ambos. ¿Saben ustedes qué necesitan ellos? Ellos necesitan un pasaporte de Munkatch.

 

A veces nosotros los padres queremos hablar con nuestros hijos y decirles cuánto los amamos, y cuánto rezamos por ellos para que solamente gocen de cosas buenas, tanto en tiempos tranquilos como en tiempos de lluvia y viento. Sin embargo, hay un límite que aparentemente no se puede pasar. Es por eso que necesitamos el pasaporte del Rabi de Munkatch.

 

Ustedes saben lo que necesita el pueblo de Israel: nosotros queremos traer la paz al mundo, la paz entre nosotros y las naciones. Sin un pasaporte de Munkatch no vamos a lograr esta paz.

 

¿Ustedes saben qué es el Kotel? Es el pasaporte que nos entregó el Kadosh Baruj Hu. Piedras en las que nada hay escrito.

 

Las piedras de Moshé nuestro maestro: “en la margén del Jordán Moshé explicó toda esta Torá”. Él escribió la Torá sobre piedras. Pero las piedras del Beit Hamikdash son el pasaporte entre el pueblo de Israel y la llegada del Mashiaj.

 

Ustedes y yo vemos Judíos que llegan desde los confines del mundo al Kotel.

 

Yo no les puedo decir que cada Judío que viene y se para al lado del Kotel, se transforma inmediatamente en un perfecto Tzadik. Pero algo pasa en su corazón, en el de él o en el de ella. Ellos tienen un pasaporte. Un pasaporte entre el cielo y la tierra, un pasaporte entre ellos y la sagrada Torá.

 

La Guemará empieza en la página “dos”. ¿Dónde está la primera página?

 

Esto es para enseñarte, que tu no puedes comenzar a estudiar absolutamente nada si el Kadosh Baruj Hu no te da antes un pasaporte.

 

¿Ustedes saben, señores míos, cuál es la hoja que besamos cuando cerramos la Guemará? Cuando cerramos la Guemará … besamos a la hoja número “uno”.

El Jozé de Lublin

 

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

 CUENTOS

El Jozé de Lublin

 

Usualmente yo escucho cuentos de Tzadikim. Y a veces tengo el privilegio de escuchar cuentos de hoy en día …

 

Hay grandes Tzadikim que cumplen con la Torá y las mitzvót, que están apegados al Kadosh Baruj Hu día y noche. Pero el Kadosh Baruj Hu tiene otra clase de Tzadikim. Los soldados sagrados que están dispuestos a entregar sus vidas por la santidad de la tierra de Israel a cada instante.

 

Para poder explicarlo, tengo que contarles una historia antes de contar la historia principal.

 

Como todo cuento auténtico, necesitamos de otro cuento para poder explicarlo …

 

El Jozé de Lublin. Guevald. El Jozé de Lublin, el corazón tiembla. El corazón tiembla …

 

Todos sabemos que desde la destrucción del Templo no hubo una congregación sagrada como la de Lublin. El Rabi dijo sobre sí mismo que tenía el alma del profeta Eliahu. Sólo que no poseía el don de la profecía debido a que se hallaba fuera de la tierra de Israel.

 

Tenía cinco mil Jasidim poseedores de “ruaj hakodesh” (espíritu sagrado). Y tenía miles y miles de Jasidim que eran simples Judíos.

 

Una vez le preguntaron a Rabi Naftali de Rofshitz:

¿Por qué no trajeron al Mashiaj?

 

Y les dijo: Les voy a decir la verdad. Estaba todo tan bien que nos olvidamos de traerlo.

 

Obviamente que eso no es la verdad real, pero así él lo expresó.

Nosotros sabemos que el Rabi de Lublin quería traer al Mashiaj todo el tiempo, pero al Rabi de Rofshitz le gustaba decir a veces cosas graciosas.

 

Cuando el Jozé de Lublin necesitaba un peluquero, todos sentían un gran temor.

 

Quizás un Judío que no era tan sagrado, al tocar la sagrada cabeza del Jozé de Lublin le dolería como si fuera fuego, como si alguien lo estuviera quemando.

 

En víspera de Yom Tov, cuando el Jozé de Lublin necesitaba cortarse el pelo, todos los peluqueros iban a la Mikve, recitaban Salmos y hacían Teshuvá (se arrepentían por sus malas acciones).

 

Era increíble. Ojalá que uno de ellos tuviese el privilegio de realizar dicha tarea, tocar la sagrada cabeza del Jozé de Lublin.

 

Una vez, en víspera de una de las festividades, dijo el Jozé de L:ublin: necesito un peluquero.

 

Todos los peluqueros fueron a la Mikve, lloraron con mucho sentimiento e hicieron Teshuvá.

 

Cada vez que alguno de los peluqueros entraba, apenas tocaba la cabeza del Jozé de Lublin, sentía como si se quemara.

 

El decía: oy, oy, oy …

 

Y el Jozé de Lublin les decía a sus alumnos: señores míos, tráiganme un peluquero … y ellos sentían la obligación de buscar y  conseguir uno.

 

¿Qué podían hacer entonces? Salieron a la calle a buscar un peluquero.

 

De pronto vieron – como se dice en nuestro idioma – a un hippie, simpático, con pelo largo.

 

Se veía que él no era nada del otro mundo … y se notaba que él no había venido exactamente de la Mikve.

 

Tenía un cartel que decía: “curandero ambulante, peluquero ambulante”.

 

Le preguntaron los alumnos del Jozé de Lublin: ¿Tú estás dispuesto a subir a cortarle el pelo a nuestro sagrado Rabino?

 

- Obviamente, ¿Por qué no?

 

Vimos que él era un Judío que no sabía absolutamente nada. Pero parecía ser un Judío integro. “Integro era en su generación”.

 

El Jozé de Lublin era como el Mashiaj. “lo percibía (todo) a través del espíritu de Hashem”.

 

En el momento en que el peluquero entró, sintieron que el Jozé de Lublin se deleitaba de placer, verdaderamente se deleitaba.

 

Y decía todo el tiempo: oh, oh, oh …, oh, oh ,oh …

Cada vez que el peluquero tocaba con sus dedos la cabeza del Jozé de Lublin, éste decía: oh, oh, oh …, oh, oh ,oh …

 

Después que terminó su trabajo, el Jozé de Lublin lo bendijo … y los Jasidim quisieron averiguar quién era …

 

Con ese propósito entraron a un bar y obviamente le dieron de tomar “cuatro copas de vino”, y por las dudas otras “cuatro copas”, hasta que quedó un poco embriagado.

 

Entonces le preguntaron los Jasidim: Y bien, agradable peluquero, dinos ¿quién eres?

 

Él abrió su camisa, y vieron su espalda llena de cicatrices terribles. Casi no se podía mirar …

 

Le preguntaron: ¿Dónde recibiste esas horribles cicatrices?

 

Y él así les contó: Ustedes saben, yo voy de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. Vivo en la calle.

 

Una vez llegué a una aldea lejana, y vi a un Judío, pobrecito, acosado por la policía.

 

Sus siete hijos y su esposa estaban a un costado y lloraban hasta el corazón del cielo.

 

Algo sucedió en la aldea, y en aquellos tiempos  -obviamente –  al primer Judío que veían le echaban la culpa …

 

Ellos lo juzgaron y decidieron que debía recibir cien latigazos.

 

El peluquero continuó su relato y les dijo: Yo soy médico. Yo sé lo que le pasa a una persona que recibe cien latigazos. Yo vi a aquel Judío, y yo sabía que después de veinticinco latigazos él moriría.

 

Y pensé para mí: yo no tengo esposa, ni tampoco tengo hijos. Me acerqué entonces a la policía y les dije: ustedes cometieron un error, fui yo quien lo hizo …

 

En seguida le dijeron a aquel Judío: perdónanos, nos equivocamos. Y entonces me tomaron a mí y comenzaron a golpearme de una manera brutal.

 

Lamentablemente, no sabía que yo tampoco era tan fuerte como pensaba …

Cuando llegaron al latigazo cuarenta y nueve, yo sabía que moriría …

 

Rogué entonces: Soberano del mundo, Padre Sagrado que estás en el Cielo, no por mi honor, no por mi honor yo pedí recibir los latigazos, yo recibo los latigazos solamente por Tu honor.

 

Yo no conozco a ese Judío. Yo hago esto por el honor de Am Israel. Yo hago esto para salvar a un Judío que tiene hijos, para que él continúe con vida.

 

¡Soberano del Mundo, ten compasión de mí para que no muera …!

De alguna manera yo todavía estoy vivo. Y éstas son mis cicatrices …

 

El pueblo de Israel está santificado con dos clases de santidades:

La santidad del Jozé de Lublin y la santidad del peluquero, de aquél que está dispuesto a recibir golpes con tal de ayudar a otro Judío …

 

¡Qué tierra tan sagrada que tenemos! Tenemos en ella a muchos Tzadikim, que guardan la Torá y las mitzvót y la estudian día y noche …

 

Pero tenemos también a los “peluqueros”, a los soldados sagrados. Pobrecitos ellos, con todas sus cicatrices, con su disposición constante a entregar sus vidas por Am Israel.

 

Nosotros estudiamos porqué en Januca estamos iluminados con la “luz oculta”.

 

¿Saben ustedes quiénes fueron los Macabim?

 

Ellos fueron las dos cosas – ellos fueron los Tzadikim y ellos fueron también los peluqueros …

 

“¿Quién se parece a Ti, quién se iguala a Ti y quién puede ser valorado como Tu?”.

Shema Israel

 

Caratula:

Rav Shlomo Carlebaj

IÁJAD – KULAM  KEDUSHÁ

JUNTOS – TODOS SANTIDAD

CUENTOS

Shema Israel

 

En medio de la guerra de Iom Kipúr, tuve el privilegio de hacer una presentación el Sábado por la noche en “un altar de sacrificios”.

 

Guevald. ¡Qué sacrificios sagrados que había allí! Había allí, pobrecitos, algunos que eran como sacrificios de elevación, es decir que fueron quemados totalmente en el altar.

 

Otros eran como sacrificios de “shelamim”, que –bendito sea Hashem- estaban con vida pero pasaron por muchos sufrimientos.

 

Había allí miles de soldados. La actuación llegó hasta el corazón del cielo.

 

Después de la presentación me invitaron dos oficiales a ir con ellos y pasar un rato ameno juntos.

 

Se acercó a mí un oficial con los ojos llenos de lágrimas y me dijo:

Debes saber, que –pobrecitos de nosotros- cuando la guerra comenzó, yo me encontraba con otro oficial. Pertenezco al movimiento “Hashomer Hatzair” (movimiento laico de izquierda), y soy un Judío laico de verdad. No es que yo no creo en el Kadosh Baruj Hu, yo creo que no hay Kadosh Baruj Hu. Yo creo que D-s no existe.

 

Les dije a mis hijos: el pueblo de Israel es como todas las naciones del mundo. Jerusalem es como Nueva York o como Tokio. No hay ninguna diferencia, y las cosas que dicen son puras tonterías y mentiras.
De pronto, veo al lado mío a un oficial que pertenecía a un kibutz religioso, una persona realmente agradable. Pero había una cosa que me molestaba de él …

 

Todo el tiempo mientras luchábamos, él gritaba a voz en cuello: “Shemá Israel Hashem E-lokeinu Hashem Ejad”. Hashem Ejad, Hashem Ejad, Hashem Ejad. Así gritaba todo el tiempo.

 

Yo le decía: Tú me pones nervioso. Ya no tengo fuerzas para escucharte. Yo se que tú crees en D-s. Yo me alegro de que tú seas un Judío religioso. Pero ya no tengo fuerzas para escuchar eso todo el tiempo. Ya no tengo fuerzas para escucharte … Tú sabes que yo soy laico, hazme un favor y deja eso de “Hashem Ejad”.

 

Él me respondía todo el tiempo: Tú luchas a tu manera y yo lucho a la mía.

 

Pasó el tiempo y me acostumbre: Todo el día “Hashem Ejad, Hashem Ejad” …

 

Hace dos o tres días, el jueves por la mañana, la guerra continuó otra vez. A la madrugada, al salir el sol, yo ya estaba acostumbrado a escuchar “Hashem Ejad”. Pero lamentablemente, esa mañana ya no lo escuche …

Miré a mi alrededor y lo veo, pobrecito, Guevald, Guevald: ¡le dispararon! Tiene solamente unos minutos más de vida.

 

Caí a su lado y le dije: Tú no tienes idea cuánto yo te quiero. Te ruego – déjame morir en tu lugar …

 

Lloré como nunca había llorado en mi vida. Tomé su mano y le dije: ¿qué puedo hacer por tí?

 

Con dificultad, apenas si él respiraba. La sangre corría por su boca. Coloqué mi oído sobre su boca y él me dijo: Júrame que vas a gritar “Hashem Ejad” en mi lugar …

 

Cómo lloró aquel oficial.

 

Y entonces me dijo: Debes saber que, en ese instante, el Kadosh Baruj Hu me abrió todas las puertas del cielo. No que de pronto comencé a creer. Yo verdaderamente vi que D-s existía. Vi que somos un pueblo sagrado y santificado.

 

Le dije entonces: Te juro, que yo,  mis hijos y mis nietos, hasta el final del mundo, vamos a gritar en tu lugar “Hashem Ejad, Hashem Ejad” …

 

Y así él continuó: Yo pedí entonces que me dieran un permiso especial para volver a casa por un día, a pesar de que estábamos en el medio de la guerra, para así poder cumplir con mi juramento …

 

Y les tuve que pedir a mis hijos que me perdonen, que les mentí, que D-s sí existe, que hay un D-s en el mundo.

 

Esta historia quedó  grabada en mi corazón.

 

Después de algunos años pensé: ¿Quizás solamente la soñé?

 

Era tan conmovedora que penetraba en lo profundo del corazón. Cada vez que yo la contaba todos me preguntaban: ¿Acaso esta historia sucedió de verdad?

 

Esta duda permaneció en mi pensamiento, hasta que  hace algunos años hice una presentación en Efrat.

 

Se me acercó entonces un hombre y me dijo: ¿Te acuerdas de mi? Yo estuve parado a tu lado. Yo era entonces un oficial y estaba junto al oficial que te contó el cuento de “Hashem Ejad”.

 

Y agregó: Debes saber que yo tampoco era religioso. Pero gracias a él me transformé en un “Baal Teshuvá” (persona que retorna al cumplimiento de los preceptos del Judaísmo).